La dinámica del sometimiento
Julia Pérez
Unión de Asociaciones Familiares. UNAL
Compartimos el planteamiento de Soledad Murillo sobre la violencia de género como manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, así como sus valoraciones sobre la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, sobre los cambios legislativos absolutamente lesivos para las víctimas y la degradación de la igualdad mediante el alejamiento de la coeducación y la privación de recursos.
Nos gustaría detenernos en el asunto de la mediación, en el que somos una organización experta y pionera en España, para expresar con rotundidad que la mediación es incompatible con los casos de violencia de género. La propia naturaleza de la mediación, como vía de gestión pacífica de los conflictos, requiere que ambas partes puedan expresar su voluntad libremente para negociar y esto no es posible cuando la violencia se ha instalado como dinámica de sometimiento, desequilibrando el poder y anulando la voluntad de una de las partes. Un impedimento que no reside ni en el tipo de violencia ni en su grado sino en los efectos psicológicos de quien la padece, ya que le incapacitan para negociar en igualdad de condiciones.
Otra cuestión que resulta de vital importancia es la consideración de los hijos e hijas como víctimas directas de la violencia de género, algo que debería tenerse en cuenta en las medidas y resoluciones judiciales, que a menudo establecen visitas del agresor en puntos de encuentro, incluso en casos de asesinato, con la consiguiente desprotección y grave daño psicológico para los y las menores.
En este sentido, denunciamos la práctica judicial que se está desarrollando en materia de violencia de género en nuestro país y que se debe a la falta de igualdad y a la persistencia del machismo en nuestra sociedad e instituciones. No en vano, el Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) condenaba recientemente a España por negligencia al no proteger a una mujer víctima de violencia de género y a su hija y recomendaba que se restringieran las custodias y visitas en casos de malos tratos así como que jueces, fiscales, abogados de oficio y equipos psicosociales recibieran formación especializada para eliminar los estereotipos de género con el fin de proteger a las víctimas.
Esto debe ir acompañado por políticas que fomenten la coeducación desde edades tempranas, y no una educación segregada, que no hace sino incidir en los roles de género y menoscabar cualquier posibilidad de construir una sociedad igualitaria y libre de violencia machista.