Una reflexión crítica sobre el ejercicio de la psicología en España
Ángela Ruiz-Larrea Lucía
Psicóloga
Andrea Esperanza Bona
Psicóloga clínica postracionalista
Estudiar y ejercer la psicología en Chile nos cambió la mirada de forma muy positiva y crítica respecto de nuestra profesión, sin nosotras esperarlo. Con veintipocos años y muchas ilusiones, partimos saliendo aún como estudiantes, con la cabeza y el corazón llenos de preguntas que nunca nos pudieron responder en la Universidad. En nuestra escuela, así como en la mayor parte de las universidades públicas españolas, la visión que se tiene de la persona y de la psicología es tremendamente obsoleta; partiendo desde paradigmas aparentemente cientificistas, se transmiten conocimientos sobre el ser humano desde un modelo de enseñanza profundamente acrítico y centrado en la réplica y no en el cuestionamiento. Todo ello, sumado a una enseñanza compartimentada y rígida acerca del funcionamiento humano, basada en procesos cognitivos, perceptivos y de procesamiento de la información, da lugar a una visión del ser humano profundamente mecánica y fragmentada que se acompaña, además, de una gran dificultad para establecer la permeabilidad y el diálogo entre diferentes corrientes clínicas, simplemente porque no están avaladas por los criterios que marcan las instituciones que acuartelan el ejercicio de la profesión en España.
En los cuatro años de carrera que estudiamos, nunca pensamos sobre qué es la psicología, o qué diversas visiones epistemológicas y ontológicas están a la base de esta disciplina, ni nos ofrecieron herramientas ni contenido para desarrollar un pensamiento crítico y riguroso al respecto; tuvimos que llegar a Chile para adquirir ese conocimiento y empezar a desarrollar nuestro pensamiento crítico. Fue en este país donde empezamos a formarnos en diversas escuelas de psicoterapia, que nos permitieron entender y ejercer nuestra profesión desde una visión mucho más humana y singular, que toma el sufrimiento de cada persona atendiendo a su historia, sin reducirla únicamente a un síntoma. Sin embargo, a la hora de planificar nuestro retorno a España, nos encontramos con que la situación actual es la siguiente: por un lado, la obligación de tener que habilitarse clínicamente a través del Máster en Psicología General Sanitaria (MPGS), un máster de pago en el cual sólo existe una corriente teórica clínica (cognitivo-conductual) y, por otro lado, la imposibilidad de ejercer como psicólogo/a clínico en España si no se cursa dicho máster, a pesar de tener formación acreditada en otras corrientes clínicas e incluso experiencia laboral. Tras haber estudiado y trabajado fuera, tenemos la impresión de que las instituciones españolas relacionadas con la psicología están enfrascadas en una batalla contra el intrusismo laboral, bajo la cual surge la figura del MPGS, que aparentemente unifica conocimiento, pero que erróneamente deja fuera toda la diversidad de enfoques que no se engloban dentro de la corriente dominante, todo esto sumado a una visión eurocéntrica que devalúa mucha de la formación realizada fuera de Europa.
De este modo, el MPGS actúa como un falso sello de calidad que otorga habilitación legal para la práctica clínica, pero no se preocupa de la calidad de la formación entregada ni deja una puerta abierta al enriquecimiento del conocimiento en la psicología. Hacer psicoterapia en España es hacer ciencia de los procesos medibles e invariables que podemos estudiar de la persona, reduciéndola a una cosa que puede ser estudiada y arreglada. Esta forma de ver a los pacientes desvitaliza la vida y la historia en constante movimiento y, bajo esos parámetros, se mira a la persona como cualquier objeto de estudio reducido a una cosa, antes que a una persona. No es ningún secreto que la calidad de la educación pública en España ha mermado progresivamente en los últimos años, especialmente desde la implantación del famoso Plan Bolonia hace alrededor de una década. En este punto, teniendo en cuenta la deriva mercantilizadora de la educación y la precaria atención a la salud mental en nuestro país, es necesario plantearse quién decide lo que se estudia en las universidades españolas, cómo y con qué fin.
Desde nuestro punto de vista, y como hemos ido argumentando, consideramos que en España se sostienen unos parámetros para estudiar e intervenir con los pacientes que van de la mano con la búsqueda de resultados medibles de cara a hacer un negocio con la salud mental (dado que el servicio público está precarizado y deteriorado), orientándose primordialmente a la clínica privada y los seguros que cubren estas terapias, que exigen una efectividad en tiempo y costo de la intervención terapéutica. Bajo este lobby, que abarca desde el Colegio Oficial de Psicólogos, pasando por la formación universitaria y másters habilitantes, hasta la regularización de la práctica clínica, se ve una clara línea que se sostiene sobre un enfoque de la psicología clínica y la psicoterapia tremendamente mercantilista, que regula desde los precios que hay que manejar dentro del ejercicio profesional (no siendo ajustados a una realidad poblacional), como la formación oficial complementaria (títulos de experto, másters específicos) y que, por supuesto, impide la entrada y el diálogo en las escuelas y el mercado, de cualquier otra corriente que venga a cuestionar o desestabilizar el sistema ya armado.
Entonces cabe preguntarse ¿es realmente España un país abierto al progreso y la mejora en materia de psicología, psicoterapia y salud mental?, o ¿es un negocio más que busca mantener el status quo de todos aquellos relacionados con el área? En tiempos de crisis, donde los suicidios, la depresión, la ansiedad y los sentimientos crónicos de soledad se han disparado, ¿qué lugar tenemos los/as psicólogos/as y futuros/as psicólogos/as como protectores y garantes del derecho a la salud mental? Ahora que se abren nuevos tiempos, tenemos el deber como sociedad (profesionales, pacientes, ciudadanos e instituciones) de pensar qué tipo de sistema de salud mental queremos y cómo llegar a él desde el sistema actual, teniendo en cuenta todos los puntos que abordamos anteriormente.