El papel de las mujeres en la lucha por el territorio en América Latina
Mª Eugenia García Nemocón
En los distintos países que conforman Abya Yala (denominación dada al continente americano por el pueblo Kuna), el extractivismo imperante ha traído consigo una serie de impactos de dimensiones económicas, sociales, políticas, ambientales, de género y culturales; pero uno de los argumentos que se esgrimen en su favor es lo que representa a nivel de las economías locales para erradicar la pobreza y para garantizar su “desarrollo”.
Según las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas, hay dos visiones de desarrollo: la del desarrollo para el buen vivir o desde el punto de vista comunitario, y la visión de la institucionalidad y de las grandes empresas, que es la de la acumulación. Este desarrollo no llega a ninguna de las comunidades donde se ejecutan estos proyectos, ya que las mismas siguen sin contar con recursos para acceder a los bienes mínimos necesarios, no tienen mejores condiciones de vida, son desplazadas y se destruyen pueblos y comunidades enteras que, en la mayoría de los casos, representan formas de vida y cosmovisiones mucho más sostenibles con el medio ambiente. Llega el “desarrollo” pero estas comunidades siguen con sus necesidades básicas insatisfechas.
En Latinoamérica, se ha consolidado un modelo neo-desarrollista que incluye el extractivismo como algo básico en la economía, incluso en gobiernos progresistas. Citamos como paradigmático el caso del parque nacional Yasuní en el Ecuador; Correa, como candidato, asumió un compromiso con pueblos originarios ubicados en esta zona petrolera para no explotar este hidrocarburo; pero ya gobernando revirtió este compromiso.
Existen muchos casos, localizados en territorios de América Latina, donde a través de diferentes métodos se ha llegado al saqueo de minerales u/y otros productos agroindustriales.
En Colombia, entre otros, podemos citar el de la comunidad afrodescendiente de La Toma en Suárez (Cauca, zona Sur), sobre cuya lideresa Francia Márquez ha recaído el Goldman Prize 2018 considerado un “Nobel” de Medio Ambiente (https://www.youtube.com/watch?v=6eOBC_7BohU), por su defensa del territorio que se inició con los/as ancestros/as y la lucha histórica de estas comunidades. Los territorios donde han construido comunidad y recreado su cultura no son un regalo, les costó trabajo y lucha desde las haciendas esclavistas.
Para estas comunidades, como para comunidades indígenas y campesinas, el territorio no es sólo un espacio físico, es un espacio de vida y de espiritualidades, de procesos colectivos, son relaciones, es el cuerpo y todo lo que hay alrededor, son valores ancestrales que se tejen como la solidaridad. Territorio es construir comunidad, son expresiones de solidaridad. Prácticas ancestrales y culturales, relaciones humanas y con otros seres que habitan el espacio.
Una formidable líder de la comunidad afrocolombiana, Francia Márquez, organizó a las mujeres de La Toma y detuvo la extracción ilegal de oro en sus tierras ancestrales. Ella ejerció una presión constante sobre el gobierno colombiano y encabezó una marcha de 10 días y 350 millas con 80 mujeres a la capital de la nación, lo que resultó en la expulsión de todos los mineros y equipos ilegales de dicha comunidad. El proceso extractivista, tanto legal como ilegal, está causando que gran parte de los ríos de la zona se contaminen con mercurio y cianuro, los cuales son utilizados en estas prácticas, dejando a la población en un estado de indefensión y de vulnerabilidad para su salud, ya que los peces y otras especies acuáticas se contaminan o mueren.
En el año 2014 Francia Márquez tuvo que desplazarse de su territorio debido a sufrir múltiples amenazas, tras liderar las citadas iniciativas de lucha en contra de la minería ilegal; ella forma parte delConsejo comunitario de la Toma y miembro de Procesos de Comunidades Negras (PCN).
Las comunidades afrodescendientes de la zona llevan muchos años en la defensa de su terruño, es así cómo, en los años 80, iniciaron la lucha contra la desviación del río Ovejas para la construcción del Proyecto represa Salvajina (embalse y generación de electricidad). Para la ejecución de este proyecto se desplazó de un área de 2.100 hectáreas, a más de tres mil personas con actividades de subsistencia. Las comunidades aledañas a este macro-proyecto no tienen agua potable y algunas ni electrificación. En nombre del desarrollo saquean, explotan y empobrecen,“desarrollo” a costa de las comunidades y de su sufrimiento.
El extractivismo (vinculado estrechamente con el sistema patriarcal y al capitalismo) produce unos impactos en las relaciones de género y en las vidas de las mujeres. La mayoría de colectivos y pueblos afectados son comunidades étnicas y campesinas, dándose la circunstancia, que debido a la tenencia de tierras las mayormente afectadas son las mujeres, que además están siendo amenazadas y asesinadas por su compromiso con la defensa del territorio, como forma de vida, cultura y socialización; es el caso de Berta Cáceres, ganadora también del Premio Ambiental Goldman en 2015, quien luchó por las reivindicaciones de la comunidad Lenca en el occidente de Honduras y fue asesinada el 2 de marzo de 2016, a causa de su férrea lucha en oposición al proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca por su destrucción del medio ambiente y al desplazamiento de comunidades indígenas, privatización de los ríos y del territorio.
Otras formas de lucha, que Francia Márquez reivindica es el papel de Consulta previa para que las comunidades puedan manifestarse sobre proyectos a implantar, ya que es un derecho adquirido que se consulte porque el territorio es de la gente. Así es cómo por medio de este recurso y la lucha liderada por ella, su comunidad ha logrado en gran medida que la minería implantada sea erradicada en buena parte. También defiende el cumplimiento de los acuerdos de paz porque las comunidades son las que ponen los muertos y sus territorios son campos de disputa de la guerra. Celebran que los muertos hayan disminuido en el conflicto armado, pero la violencia hacia lideres/as sigue; es así como siguen siendo asesinados defensores/as del territorio, defensores de DDHH, defensores/as del medio ambiente, porque siguen existiendo intereses económicos sobre estas zonas.
Para preservar los ríos como fuente de vida debe pararse la minería con prácticas que no son las del territorio, como el uso del mercurio. Se debe implementar la minería limpia que no termine dañando el río y el medio ambiente. El Estado debe garantizar ésta minería.
Para Francia Márquez, el premio Goldmanla impulsa a ella y su comunidad a seguir trabajando, luchando y a seguir articulándose para cuidar y salvaguardar la vida y frenar el calentamiento global. En Colombia esta lucha está sirviendo para sensibilizar sobre todo a jóvenes ambientalistas, personas amantes de la naturaleza y del medio ambiente. Un elemento importante es la visibilización que este premio hace de las mujeres, que aunque son líderes en estas luchas, muchas veces no ven reconocido su compromiso.