Una NEP democrática y social, no un arrebato irrealista
Tarso Genro
Ha sido alcalde de Porto Alegre y Gobernador del Estado de Rio Grande del Sur. Durante el gobierno Lula desempeñó el cargo de Ministro de Educación, Relaciones Institucionales y Ministro de Justicia de Brasil.
En abril de 2006 escribí un artículo para la revista Italianieuropei-bimestrale del reformismo italiano, denominado La questione democratica, una questione per la sinistra. En él discurrí sobre el “frondoso árbol de la democracia” y sostuve que esta estaba siendo corroída por dentro. Hoy, sin embargo, esta dañada por fuera y por dentro, dado que "sus raíces están abaladas (...) por poderes ajenos a las instituciones más importantes, que emergen a su sombra. En una época de más guerras de conquista, híper-manipulación de la información en la esfera pública formando masas pasivas de ciudadanos como 'espectadores' de opiniones, casi siempre convergentes en la gran media. Son centenares de millones ajenos a la sociedad del conocimiento, a la cultura, a los bienes del mercado, a la información exenta; (y) ellos más “padecen” la democracia, que gozan de sus conquistas materiales y culturales.” [1]
Recuerdo el texto porque tiene actualidad en el momento en que, como dijo Habermas, "la sobredosis de la comunicación hace creer que los intelectuales parecen morir sofocados ante el desborde de este elemento vivificador, como si se le hubiese administrado en sobredosis. La bendición parece transformarse en maldición. Las razones para esto -prosigue- me parecen ser una informalización de la esfera pública y una indiferenciación de los correspondientes papeles. La utilización de internet simultáneamente amplió y fragmentó los nexos de comunicación. Por eso internet produce (...) un efecto subversivo, en regímenes que dispensan un tratamiento autoritario a la esfera pública.” [2]
Su efecto subversivo, no obstante, no se da solamente bajo los regímenes "autoritarios". El más dañino es el proceso que él vislumbra para los regímenes de democracia plena o en construcción de su plenitud que van -paulatinamente- flexionando a sus instituciones del molde al que se ajustan -substituyendo la fuerza normativa creada por la política y por los partidos apoyados en la Constitución- por la fuerza normativa de lo “fáctico”. Orientado por las necesidades del capitalismo financiero, en todos los niveles de la vida común, el sentido democrático de la existencia, en el capitalismo bajo la tutela del dinero virtual y de las especulaciones con las monedas débiles, parece oscurecer las conquistas de las luces y disolver la vida entera de los individuos en el servilismo del mercado sin alma.
La victoria de Manuel López Obrador en México, en medio de una crisis social endémica y con una seguridad pública con niveles de precariedad alarmante -en un continente en el que las experiencias de gobiernos de centro-izquierda han sido derrotas o vaciadas-, coloca a su futuro gobierno en el centro de la “cuestión democrática” en América Latina. Del curso que escoja el gobierno de Obrador serán abiertos los nuevos afluentes que irrigarán la recuperación de nuestros patrones democráticos y sociales de gobernabilidad “por la izquierda”. O sellaran -por un largo periodo- los métodos y soluciones liberal-rentistas, que se han mostrado impotentes para rescatar las promesas del Estado Social de Derecho y promover la implementación de sus deberes fundamentales.
La realidad financiera y geopolítica mundial, con la victoria política y económica del capitalismo sobre las experiencias del socialismos real, ya demostró que los países que no están en el centro orgánico del sistema del capital no tienen espacios amplios de opción para decidir “cómo”, dentro del régimen democrático heredado de las “Luces” (Estado de Derecho flexible a la legalidad del mercado, elecciones periódicas bajo el impacto del poder económico, posibilidades de comunicación desigual frente a los oligopolios mediáticos), crearan sus espacios de decisión sobre las economías reales. Las normas de los regímenes democráticos actuales, con sus surtos de “excepción” periódicos, son hostiles a las reformas de carácter distributivo y a la promoción del desarrollo con justicia social. Reconocer la “legalidad” material del mercado como fuerza superior a la fuerza normativa de las constituciones formales -que apuntan a la cohesión social y a la promoción de niveles mínimos de igualdad- es una decisión voluntaria (o forzada) de las élites dirigentes del continente.
El nacional-desarrollismo clásico y el social-democratismo contractual de la 2ª revolución industrial ya no tienen condiciones de ofrecer estas respuestas, si es que en algún momento las tuvo. En las condiciones de la América Latina colonial-imperial la necesidad de adaptarse a la globalización financiera se volvió casi una fatalidad y lo que se discute -en realidad- en el campo de la izquierda, que prefiere ampararse en las “reglas del juego” para no dislocarse en tentativas de revolución sin futuro, es cual es la mejor posibilidad para salvar una democracia que proteja niveles máximos de cohesión social y limite los niveles máximos de desigualdad.
Se trata, en realidad, de la creación de un “estado del arte” democrático donde las fuerzas políticas interesadas en re-pactar el contrato social inclusivo del Estado Social consoliden: a) una estabilidad sustentada en principios e intereses que puedan bloquear el neofascismo emergente y/o el ultra-liberalismo destructivo de la idea de nación; y b) un nuevo estadio de comunicación material con la globalización financiera por medio de la obtención de un sistema de cooperación y autodeterminación con soberanía, considerando la diversidad de puntos, tanto de apoyo como de conflictos, en el actual orden mundial.
La multipolaridad política en el mundo, engendrada por el capitalismo financiero global, creó, al mismo tiempo, sistemas regionales que son concurrentes y unitarios, los cuales al mismo tiempo que constituyen y refuerzan nuevos polos políticos, unifican financieramente al mundo de forma desigual. Las diversas políticas liberales de desarrollo, neo-socialdemócratas, populistas distributivas o incluso formalmente “socialistas” son creadas y disueltas en este nuevo orden mundial y ninguna de ellas se consigue estabilizar -ni siquiera por un cierto tiempo- sin algún tipo de regulación concertada o conflictiva con el sistema financiero global.
Esta regulación concertada enseguida estimulada un nuevo “concierto” (en el mismo o en otro gobierno) para un nuevo punto de estabilidad, prontamente puesto en “jaque”. Y este punto crítico reiterado por las votaciones presupuestarias, por la no ejecución del presupuesto, por la frustración con la eliminación de ciertas políticas públicas de protección social o distributivas, reconduce a un nuevo endeudamiento: de ahí viene una nueva crisis y una nueva extorsión de los recursos por la atenta y reiterada especulación con la deuda pública.
Si tuviera que señalar de dónde vienen, al lago de su gran éxito, las mayores debilidades del gobierno Lula -dos gobiernos exitosos y altamente politizados- diría que vienen, primeramente, de la fatalidad histórica vivida por una centro-izquierda que llegó al gobierno en una época de desmantelamiento tanto de la socialdemocracia como de las retaguardias alternativas al orden económico mundial vigente; y, en segundo lugar, de la debilidad comprensible de los dirigentes de esta experiencia -todos nosotros- que no supimos que los límites programáticos “reales” de nuestros gobiernos no deberían vincularse a la “bravata” irrealista de que “no vamos a conciliar con los mercados (lo que rápidamente hicimos al llegar al gobierno), sino que debería estar en la afirmación de que la cooperación interdependiente con soberanía solo se realizaría con un programa factible y transparente.
Este gobierno debería decir a todos, incluyendo a los mercados, los verdaderos contornos de su proyecto, que si no tenía las condiciones de enfrentar y derrotar el orden mundial capitalista podría convivir con él sostenido por una concertación política interna que mostrase “quien pierde” y “quien gana” con un proyecto de nación democrática y social. Posiblemente la metáfora histórica mas probable fuese la siguiente: una NEP democrática y social posible, para no caer en un arrebato estilo Varoufákis que solo podría tener éxito si el capital financiero estuviese de acuerdo, previamente, en sacrificar sus lucros exorbitantes.
Estos son los temas con los que López Obrador -con maestría y osadía- tendrá que lidiar si no quiere ser substituido por un gobierno conservador de centro-derecha demagógico o incluso del fascismo emergente con sus soluciones “finales” -en la política y la economía- que igual son implacables en un continente todavía ocupado por el hambre y por la miseria como son violentes y profundamente deshumanos.
[1] La rivista - Italianieuropei - Bimestrale del reformismo Italiano, 4/2006, pag. 197.
[2] HABERMAS, Jürgen. “O caos da esfera pública”. In: jornal Folha de São Paulo, Caderno Mais!, 13/08/2006. pp. 4/5.