Las dos caras de la violencia de género
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
Seguí el estupendo debate sobre la violencia de género retransmitido por Público.TV, y en él se planteó la disyuntiva de si este gravísimo problema respondía a causas subjetivas u objetivas. En mi opinión a ambas cosas, como ocurre con todo fenómeno social.
Por un lado la violencia de género se sustenta en unas relaciones sociales de dominación objetivas, y que llevan impreso, en dosis variables, el marchamo de la discriminación, la segregación y la exclusión. Por otro lado estas relaciones sociales son resultado, y a la vez causa, de fenómenos cognitivos y emocionales que guían todo comportamiento humano.
En relación con el aspecto cognitivo habría que plantear el papel que instituciones como la familia, la escuela, los medios de comunicación y la Iglesia juegan a la hora de elaborar y propagar los estereotipos y las justificaciones que alimentan la violencia de género.
Y en relación con el aspecto afectivo, este es tan universal y general que transciende (aunque es influido por) las determinaciones del capitalismo y el patriarcado. Como bien ha enseñado Daniel Goleman, tradicionalmente la educación se ha basado muy principalmente en la transmisión de conocimientos y habilidades, habiéndose marginado la comprensión de la vida afectiva de las personas; y quien no conoce y no sabe administrar sus sentimientos, termina siendo víctima de ellos.
En fin, si bien la denuncia y supresión de las relaciones sociales de dominación patriarcal son el camino más eficaz para acabar con la violencia de género, se ve necesario incidir en los aspectos subjetivos de cara a lograr un resultado que sea, a la vez, rápido, completo y permanente. Los instrumentos coactivos y penales, aunque necesarios, no bastan.
Más intervenciones
Por una vida libre de violencias machistas
Mientras aumentan los asesinatos machistas, la Ley de Medidas Integrales contra la Violencia de Género cumple diez años de funcionamiento entre recortes presupuestarios y desmantelamiento de los recursos y dispositivos para prevenir y erradicar las violencias de género. Aunque insuficientes, las políticas y recursos que hoy corren serio peligro son fruto de décadas de trabajo, movilización e incidencia de las redes y organizaciones feministas, que vienen apoyando a las mujeres para salir de relaciones violentas desde la época en que no había protocolos o recursos de atención, y que ahora siguen amortiguando el impacto de las violencias machistas frente a la negligencia institucional, la tolerancia y la indiferencia social. Reconocer y aplicar los saberes y buenas prácticas de gestión feminista es clave para pensar y desplegar colectivamente estrategias de prevención, abordaje y erradicación de las diferentes expresiones de violencia de género desde el ámbito comunitario, social, mediático, legal e institucional.
Lo imperceptible de la violencia
El análisis que hace Soledad es muy esclarecedor y pone de relieve las dificultades de todo tipo para poder resolver el problema de la violencia de género que sufren las mujeres. Lo suscribo punto por punto. Lo iría comentando porque no tiene desperdicio pero me parece mejor recomendar su lectura despacio porque habla por sí solo. Plantea con toral claridad y lucidez la problemática que hace tan difícil la empresa de acabar con esta violencia que sufren tantas mujeres y de la que se habla mucho pero contra la que se hace, de verdad, poco.
Feminismo, antropología y marxismo
En mi primera aportación al Debate di cuenta de cómo el sexismo se fundamenta en una concepción antropológica particular, de carácter naturalista o biologicista; concepción que es también utilizada por el racismo y el clasismo como recurso persuasivo de cara a legitimar otras tantas formas de dominación social.
«Clara no debe ponérselo, porque, a fin de cuentas, él se lo ha pedido por favor»
Me parece magnífica la síntesis del recorrido de la ley contra la violencia de género que ha presentado Soledad Murillo. Déjenme que aborde el tema desde una perspectiva diferente a las de los comentarios anteriores, no con ánimo de disentir, sino, por el contrario y humildemente, en un intento de reforzar y complementar el caleidoscopio de visiones ofrecidas.
Los peligros teóricos del feminismo
Me alegra mucho el vuelo que ha tomado la discusión sobre la violencia de género y el feminismo con este Debate promovido por Público.es, al que sin duda le ha prestado mucha fuerza el estupendo Documento programático elaborado por Vicenç Navaro y Juan Torres para Podemos, y al que esperamos le sigan más propuestas desde otras fuerzas de izquierda. Lo bueno de los debates es que no sólo nos permiten avanzar en la comprensión de los problemas sociales, sino también darnos cuenta de nuestras carencias e, incluso, de nuestros errores. Todos sin excepción somos reos de tales culpas.
La dinámica del sometimiento
Compartimos el planteamiento de Soledad Murillo sobre la violencia de género como manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, así como sus valoraciones sobre la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, sobre los cambios legislativos absolutamente lesivos para las víctimas y la degradación de la igualdad mediante el alejamiento de la coeducación y la privación de recursos.
El largo camino oculto de la ley de la violencia
La campaña continuada de promoción y elogios que el PSOE ha dedicado a publicitar la Ley Orgánica de Medidas Integrales de Violencia de Género –y el nombre ya no es inocente puesto que quien no sea entendido no puede descifrar a que tema se refiere- como el mejor instrumento para proteger a las mujeres maltratadas, ha logrado el efecto deseado: que se considere una legislación perfecta, primera en su género (este sí) y que podría ser perfectamente eficaz si el gobierno comandado por el Partido Popular y una serie de funcionarios machistas no la sabotearan.
Presidenta de la Asociación Mujeres para la Salud. Socióloga., directora de AMS, activista feminista
Leyes que no se cumplen
Como afirma Soledad Murillo, la falta de libertad y de autonomía de las mujeres, son la base de la existencia de la violencia de género que ejercen los hombres contra éstas.
Presidente de Homes Igualitaris y miembro de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AIHGE)
Relaciones de poder
La violencia de hombres contra mujeres es un problema internacional de salud pública y de derechos humanos. Un 35% de las mujeres del mundo entero han sido víctimas de violencia física y/o sexual, por parte de su pareja o de otros hombres que no son su pareja. Frecuentemente, la violencia de los hombres contra las mujeres comienza en la infancia y representa parte de la socialización masculina. Muchos muchachos son socializados a creer que las mujeres y niñas tienen obligaciones con ellos: cuidar de la casa, cuidar de los hijos/as, tener relaciones sexuales con ellos, aún cuando ellas no quieren. Así, Los hombres, sobre todo jóvenes, son más propensos a usar la violencia que cualquier otro grupo. La violencia de los hombres contra las mujeres se ejerce, principalmente, en el espacio privado y las relaciones de pareja. Su inicio tiene lugar, muchas veces, en las parejas más jóvenes.
La cara brutal de la violencia patriarcal
La iluminadora ponencia previa de Soledad Murillo habla de una serie de elementos conformardores de la violencia machista que imprescindiblemente hay que tener en cuenta. Entre otros, afirmar que las relaciones personales, especialmente, las de pareja son relaciones de poder; que este tipo de violencia afecta al ámbito privado y al público; que es erróneo considerar que las mujeres son un colectivo o que sus problemas son inherentes al hecho de ser mujeres, así como la confusión entre derechos y necesidades. Incide en las dificultades para afrontar los procesos judiciales, entre ellas, la percepción de que la denuncia es un gran fracaso, el miedo, o, en otro orden de cosas, por ejemplo, los infundios sobre falsas denuncias
Cuando la igualdad llegue a la democracia
Antes de iniciar mis comentarios quiero felicitar a Soledad Murillo por el texto tan sugerente y estimulante que ha compartido. Me parece muy completo y amplio en el abordaje de las cuestiones planteadas, y centrado en elementos clave, tanto para entender la esencia de las medidas desarrolladas como para comprender las reacciones y críticas que se han levantado ante las iniciativas.
Psicóloga Clínica. Psicoanalista - Presidenta Comisión de Psicoanálisis (Colegio Oficial de Psicología de Cataluña ) – Plan de Salud Mental ( Ayuntamiento de Barcelona)
Por una ley que tenga en cuenta a las personas
Quiero empezar esta aportación al debate de Público sobre la Violencia de Género manifestando gran sintonía con el documento elaborado por Soledad Murillo. De los diferentes vértices que aborda sobre este tema, yo me voy a centrar en los siguientes:
La democracia será feminista o no será
Existe un amplio consenso social sobre la gravedad de los casos de violencia machista. De forma general la igualdad "como principio o idea es aceptada sin fisuras", como recalca Soledad Murillo. El asesinato de una media de sesenta mujeres al año en este país es percibido socialmente como un problema de primer orden que aparece en las portadas de la sección de nacional de todos los medios de comunicación: condenamos los hechos, guardamos minutos de silencio y vemos carteles en el metro invitándonos a la tolerancia cero. Es necesario señalar que a este fenómeno no siempre se le ha dado la importancia que le damos hoy. Ha sido el feminismo quien ha señalado el carácter estructural de la violencia machista y su función de control sobre todas las mujeres. Gracias a las feministas se ha emprendido la labor de visibilizarlo y y combatirlo al mismo tiempo. De hablar de los “crímenes pasionales” a nombrar las agresiones como violencia de género o machista hay un gran paso a nivel conceptual. La introducción en la agenda feminista internacional ha sido, sin duda, una victoria del feminismo. Ahora bien, los innegables avances se encuentran también frente a numerosas contradicciones
Escultora. Agente de Igualdad por la UCLM. Agente de detección e intervención en Violencia de Género UCM.
La subversion de los roles
Cuando hablamos de que la violencia de género tiene una raíz social estamos hablando de cómo se construye nuestro yo más simbólico. El que nos lleva a hacer las elecciones trascendentales que irán marcando nuestra vida. Este constructo cultural genera una expectativa del estilo de que las mujeres vamos a cuidar de los hombres, en el aspecto más amplio de la palabra cuidado: te voy a escuchar, te voy a admirar, te voy a lavar y ordenar tu ropa, te voy a proveer de un “hogar digno” bajando y subiendo las persianas para que no se deteriore la tapicería del salón, voy a ser “buenecita”, nunca te voy a expulsar de mi cama, no te voy a decir “no me toques”, no voy a exigir que compartas los cuidados, no te voy a reprochar que seas indiferente al dolor de tu hijo, aunque este dolor provenga de un juguete roto, de algo sin importancia.
Sexismo, racismo y clasismo
Felicito a Público.es por su nuevo tema de Debate, tan de rabiosa actualidad e importancia como todos los anteriores.
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