Aplican la austeridad porque pueden
Jesús Pichel Martín
Profesor de Filosofía
La socialdemocracia fue el resultado de un pacto entre la burguesía capitalista industrial y el movimiento obrero tras la Gran Guerra y la Revolución de 1917. Los partidos y sindicatos obreros renunciaban a la revolución y aceptaban la propiedad privada de los medios de producción y la democracia liberal a cambio del reconocimiento de derechos sociales; la burguesía aceptaba contribuir al sostenimiento de la protección social a cambio de paz laboral. Fue en la Constitución de Weimar de 1919 donde por primera vez aparecen esos derechos como principios constitucionales. Esa fue la base teórica de la socialdemocracia.
El neoliberalismo actual ha roto de hecho aquel pacto poniendo en cuestión los derechos laborales y sociales, negando incluso que sean derechos. El permanente ataque a los sistemas de protección social y el sistemático acoso a las condiciones laborales hasta precarizarlas, deberían ser entendidos como la ruptura formal de aquel pacto y como un nuevo escenario sociolaboral más próximo al siglo XIX que al XXI.
La austeridad, entendida como recorte del gasto público y devaluación de salarios es una pieza más en la estrategia de expansión neoliberal (o libertariana) camino de su ideal de Estado Mínimo. Las instituciones monetarias, lo mismo que los gobiernos, aplican las políticas de austeridad porque pueden hacerlo, porque saben que no hay un sistema político-económico alternativo con poder suficiente. El "there is no alternative" de Thatcher, expresa bien esa inmunidad.
Las políticas de austeridad, que ya han provocado la aparición del 'pobretariado', trabajadores con salarios que no cubren sus necesidades vitales, podrían provocar la formación de un nuevo movimiento obrero postcapitalista: roto el pacto unilateralmente por quienes se sienten inmunes para imponer sus políticas de expolio, la situación nos devuelve a la casilla de salida de la lucha de clases.
Mientras estuvo vigente, el pacto fue enormemente útil para los trabajadores y la sociedad en general porque sobre él se construyó el Estado de Bienestar y un sentimiento generalizado de clase media con acceso al crédito, a la propiedad de bienes valiosos y al consumo masivo. La otra cara de la moneda fue la desaparición de la conciencia de clase: nadie se vivía (ni se vive aún) como obrero. El debilitamiento progresivo de los sindicatos atrapados en la dinámica de la negociación moderada fue otra consecuencia de aquel pacto.
El acoso a los sindicatos presentándolos como parásitos del sistema, la disolución del sentimiento de clase en los asalariados y parados, y la inexistencia de un sistema político-económico alternativo con suficiente fuerza, son causas (entre otras tantas) que han permitido la aplicación grosera de medidas de austeridad. A dónde nos llevarán esas políticas impuestas por el establishment económico-político dependerá de hasta cuándo las soportarán los ciudadanos sin organizarse en un nuevo movimiento obrero para plantarles cara.