La UE es la culpable, siempre lo fue, nuestros gobiernos también
Adoración Guamán
Profesora de Derecho del Trabajo
La pregunta lanzada al debate, Unión Europea ¿para qué? requiere analizar los orígenes de las Comunidades Europeas para ver si es posible una reorientación de la Unión (una nueva "salida hacia adelante") o directamente es necesario proceder a su cuestionamiento global y plantearnos la necesidad de acabar con esta experiencia de construcción supranacional.
Una aproximación a estos orígenes puede realizarse a través de la dialéctica entre "estado social" y Unión Europea, idea que proponía el profesor De Cabo, repasando la dinámicas y los objetivos "constitucionales" de ambos modelos.
Como punto de partida es necesario señalar que el crecimiento económico y en buena medida social que ha acompañado a la Unión Europea durante buena parte de su historia se construyó sobre las bases de un previo y continuado desarrollo económico y social conseguido en el plano nacional por Estados enmarcados en el constitucionalismo social de posguerra, es decir, con dinámicas intervencionistas y planteamientos redistributivos. Así, el innegable crecimiento económico y el desarrollo social de los países que conforman la Unión Europea debe atribuirse a las dinámicas de los Estados sociales que la conformaron, y no a los efectos de la integración económica supranacional. De hecho, el progreso social no entró en los Tratados originarios como un objetivo en sí, sino como un derivado "necesario" de la integración económica, que era el objetivo prioritario.
Para conseguir este objetivo, la integración del mercado, la construcción de la UE dejó al margen los elementos propios del Estado social mientras se procedía a la cesión de soberanía estatal en el ámbito económico. Sin embargo, pronto fue patente que el mercado único primero y luego la moneda única no se conseguirían si se mantenían intactos los sistemas sociales estatales, razón por la cual el desarrollo del proceso de integración ha necesitado erosionar hasta asfixiar los modelos sociales estatales, hasta el punto de poder afirmarse que la evolución de la Unión Europea ha devenido incompatible con el mantenimiento del Estado social en el ámbito nacional.
Esto, que en el plano jurídico y más técnico parecía una evidencia, se hace patente a partir de Maastricht y se desvela a las mayorías sociales tras la crisis de 2008, con la paralización total de los resquicios de política social y la acentuación del modelo neoliberal.
La primera cuestión fundamental es que no ha habido ningún giro brusco, que en esta dinámica no se han "separado de sus objetivos originarios": la UE siempre ha sido así y su legitimidad estaba basada en una mentira, utilizando los efectos socio-económicos positivos derivados de los restos de nuestros Estados sociales.
La segunda cuestión es que, en toda esta dinámica, ha habido una cooperación necesaria y fundamental de los Gobiernos, que han apoyado un mayor peso de la UE para tener una vía indirecta, y más a salvo de la presión social, para introducir reformas contra las mayorías sociales...