Octubre cien años después. Un nuevo comienzo para el comunismo
Eddy Sánchez
Profesor de Ciencias Políticas de la UCM y Director de la Fundación de Investigaciones Marxistas
El contexto en el que triunfa la Revolución de Octubre es el de la crisis de la primera globalización de finales del siglo XIX. Dicha crisis es sancionada con el nacimiento de los imperialismos que se dirimen en la primera guerra mundial. El coste para el capitalismo de este periodo es la Revolución socialista en Rusia y el Crack económico del 29, crisis que da lugar a la aparición del fascismo y la posterior segunda guerra mundial.
Para los bolcheviques, la reconstrucción de un proyecto socialista en aquel contexto requería de formas y sujetos nuevos, situando esa nueva referencia ahí donde antes se había negado todo potencial de cambio, es decir, en el desarticulado campesinado de la periferia.
El valor político de los bolcheviques sitúa a la periferia semicolonial como el “eslabón débil”, que aparece como el “nudo” fundamental para el cambio a escala mundial, para lo cual, ya en el marco de la Revolución de febrero de 1917, los comunistas rusos desarrollan el concepto clave de su pensamiento: la alianza obrero-campesina y el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos coloniales.
Solo así podemos comprender políticamente el significado histórico mundial de la revolución que estalla en Oriente, en un país atrasado como Rusia, y la aparición de una nueva generación de revolucionarios que rompen con la socialdemocracia impulsando un nuevo movimiento político a escala mundial -el comunismo-, centrado en la compresión del papel que juega el campesinado y el significado de la cuestión colonial como cuestión nacional.
Sin esta aportación es imposible entender todo lo que vino después, desde Gramsci y la cuestión meridional, Mao y la revolución en países semifeudales, el Che y la Revolución cubana, a la irrupción del nuevo proletariado urbano de la Europa contemporánea.
La experiencia política de la Revolución Socialista de Octubre de 1917 y su elaboración teórica nos previenen, en el contexto actual, del mecanicismo aún latente en la izquierda contemporánea, la cual sigue ligando cambio a excepcionalidad, crisis económica a crisis política terminal y transformación ligado a la lenta e interminable sucesión de etapas y acumulación de fuerzas siempre electoral y siempre hegemonizada por las clases medias.
Tras un intenso ciclo de movilizaciones, la crisis de la segunda globalización ha traído en este siglo XXI los nuevos fascismos que avanzan en Europa, la reconstrucción de proyectos reaccionarios en España, Gran Bretaña y EE UU y la respuesta proimperialista de sectores importantes de las capas medias en América Latina, tal y como vemos con Macri, Temer y la oposición venezolana.
Para pensar en el comunismo hoy, tenemos que entender que la transmisión de las relaciones de explotación contemporáneas sugieren un patrón geográfico o espacial que tiene como eje el concepto de periferia, cuya dimensión social del nuevo asalariado urbano resultante del proceso de transformación del trabajo en el marco de la globalización, trae como resultado la aparición de la figura de los trabajadores pobres, sector mayoritario entre la juventud de nuestro país.
Pensar en el comunismo contemporáneo pasa por la comprensión del valor central de lo considerado hasta ahora como marginal, del “proletariado sin conciencia” que habita en las periferias urbanas del sistema mundo y de nuestro país. En esa plebe precaria de la periferia urbana se encuentra la clave desde la que reclamar un nuevo comienzo para el comunismo.
Más intervenciones
Fulgor y muerte de la Revolución
Pocas veces un triunfo político tan deslumbrante y esperanzador como la toma del poder por los soviets en la Rusia zarista tuvo un desenlace tan dramático y devastador para la conciencia del movimiento popular en todo el mundo. Este es el meollo de la cuestión que intentan explicar buena parte de los artículos de Espacio Público del debate titulado “Hablemos de la Revolución de Octubre”. Pero es pertinente hacerse algunas preguntas. ¿Tiene algún interés reflexionar sobre acontecimientos ocurridos en Rusia hace un siglo? ¿Por qué se han publicado más de 11.000 artículos en el mundo durante los meses de setiembre y octubre de 2017 y se han realizado centenares de seminarios y conferencias sobre la “revolución bolchevique”? ¿Podemos rescatar algo de aquel legado? ¿Acaso cabe aprender algo de la experiencia?
La repercusión de la revolución rusa en España
Cuando a principios de noviembre de 1917 llegaron a España las primeras noticias sobre la revolución bolchevique en Rusia, el movimiento obrero español se encontraba en la fase de reflexión colectiva que caracteriza el período posterior a un movimiento revolucionario fracasado, como fue la huelga general revolucionaria que había tenido lugar en el mes de agosto.
Sobre la Revolución Rusa: cosas que conviene no olvidar
En el segundo centenario de la Revolución Francesa, Den Xiao-Ping, veterano dirigente de la República Popular China hasta 1997, comentó que no había transcurrido tiempo suficiente para tener una verdadera perspectiva histórica sobre el impacto de tan magno acontecimiento.
Trotsky y la revolución rusa
* Prólogo de 'Historia de la Revolución rusa' de León Trotsky
Kronstadt
1. El programa de Kronstadt
La revolución rusa fue un golpe de estado y Stalin era igual que Hitler. ¿O no?
Lecciones para el presente de la revolución de octubre:
¿Podían los partidos comunistas europeos reinventarse?
Los partidos comunistas nacieron con la revolución rusa de 1917. Casi siempre los fundadores fueron colectivos socialistas y sindicalistas radicalizados por la guerra y por las condiciones de vida de los trabajadores. Nacieron como una esperanza, un mito movilizador, una doctrina salvadora, un afán apostólico, una vocación militante vanguardista. Con una madre protectora, la URSS. Como constaba en los principios de la Internacional comunista proclamaban: los proletarios de todo el mundo tienen dos patrias, la propia y la URSS. Los PP.CC. nacieron con el alma marxista-leninista, con el modelo de la revolución del 17 y el librito del Estado y la revolución, con la dictadura del proletariado pervertida por el estalinismo y no por la revolución democrática que preconizaban Marx, Engels y la gran mayoría y Rosa Luxenburg y los socialdemocratas de izquierda occidentales. Sin embargo los PP.CC. europeos vivían en países donde se habían iniciado procesos políticos democráticos des de los siglos XVII (Inglaterra), en el XVIII (Estados Unidos y Francia) y en el XIX (la mayoría de los Estados de Europa occidental y central. Una democracia limitada y excluyente casi siempre, con derechos sociales muy precarios, con obstáculos legales y culturales para participar en la política institucional. Pero existía el pluralismo político, elecciones, derechos de organización y de expresión, de huelga incluso en algunos países. Siempre con las limitaciones citadas. Con largos periódos autoritarios, dictatoriales, militaristas o fascistas. Pero los PP.CC. pronto entendieron que debían luchar por la democracia política y los derechos sociales y pronto renunciaron al objetivo concreto del "poder a los soviets" que aún se utilizó hasta inicio de los años 30. Los PPCC europeos se desarrollaron con una alma revolucionaria ideológica (soviética) y un cuerpo reformista combativo (lucha de clases y libertades políticas). La ambigüedad de esta dualidad fueron a la vez su fuerza y su lastre. El mito movilizador también era el principal obstáculo para llegar al poder.
A cien años de la Revolución rusa, ¡cuánto tiempo y cuán poco!
Han pasado cien años de la revolución rusa de 1917, ¡cuánto tiempo y cuán poco! A los cien años de la revolución francesa, en 1889, los socialistas marxistas conmemoraban un acontecimiento fundamental de la historia que había abierto el camino a la Comuna de París de 1871 y a la revolución socialista que se avecinaba. Lo que vino fue una revolución socialista sui generis cuyo eco se prolongó durante el siglo XX, pero cuyo impulso ya desde el 68 parece agotado. La desaparición del bloque socialista no abrió nuevas esperanzas, a pesar de que el capitalismo se haya convertido en un sistema depredador que genera precariedad, sufrimiento e insatisfacción y que amenaza la vida del planeta entero. El problema es cómo traducirlo en acción política.
Cien años después: Algunas herencias difíciles de la revolución de Octubre de 1917
En sus Notas de Prisión, Rosa Luxemburgo, que acompañaba en la distancia, pero con fervor, la revolución en Petrogrado y Moscú, consciente de los riesgos y de los peligros – tal vez con más clarividencia que cualquier dirigente revolucionario de esa segunda generación del marxismo-, apeló a la solidaridad sin abdicar de su espíritu crítico. Escribió que “Concretamente, lo que nos puede traer luz a los tesoros de la experiencia y las enseñanzas no es una apología ciega, sino una crítica penetrante y reflexiva. Porque una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado internacional, sería un milagro. Lo que importa es distinguir, en la política bolchevique, lo esencial de lo accesorio, lo sustancial de lo fortuito.”
Notas sobre el centenario de la Revolución de Octubre: La libertad no es un privilegio
Creo que estoy libre de la sospecha de ser un defensor del comunismo. Sin embargo, no puedo dejar de ver algo supersticioso e infantil en el horror que siente el mundo burgués ante el comunismo, este horror del que ha vivido tanto tiempo el fascismo, es decir, la idiotez fundamental de nuestra época. Thomas Mann, 1946
Economista especializada en los Balcanes, profesora de la Universidad Paris Dauphine, pertenece al consejo científico de ATTAC Francia y miembro de la IV Internacional. http://csamary.free.fr
De octubre 1917 al "socialismo del siglo XXI"
Todos los pasados no tienen idéntico porvenir, podemos afirmar con Daniel Bensaïd. Octubre 1917 no se dejará enterrar fácilmente. Su inmenso legado, que se debe actualizar, es haberse atrevido a poner en la agenda el cuestionamiento del orden existente –sin recetas y no sin trágicos errores-, enfrentándose a las guerras y violencias sociales de los poderosos, a escala nacional e internacional.
Cien años para aprender tan poco (1917-2017)
La conmemoración del centenario de la revolución rusa plantea algunas interesantes cuestiones sobre la identidad de lo que se ha llamado izquierda a lo largo del siglo veinte. También podría servir para comprender las razones por las que la herencia del octubre soviético no forma parte del arsenal de instrumentos para desarrollar las nuevas prácticas sociales de lucha contra el capitalismo neoliberal sino, más bien, una pesada losa histórica que dificulta la construcción de una alternativa al imaginario capitalista.
Un siglo después (1917-2017): Un legado entre escombros
Nadie consideraría razonable condenar la Revolución francesa por la evolución de la sociedad capitalista. En cambio, sí es habitual desacreditar la Revolución rusa desde los escombros dejados por el socialismo real, esa construcción política recreada por el estalinismo.
Sindicalista, exdirigente de la CGIL de la enseñanza y de la USB, y miembro de Sinistra Anticapitalista
El despertar de las esperanzas
El año 1917 supuso una verdadera línea divisoria en la historia del movimiento socialista. Desde luego el factor determinante fue la Revolución Rusa, pero, igualmente decisivos fueron los acontecimientos, las elaboraciones y las elecciones que diversos actores colectivos e individuales protagonizaron en ese periodo en otros muchos países.
Nuestra revolución rusa
El punto de vista que defiendo es que la Revolución rusa fue gran acontecimiento en la historia de la emancipación de los pueblos. Un momento extraordinario en el cual las clases dominantes pierden el dominio que les parecía asegurado por los siglos de los siglos. Y en el cual las masas populares desbaratan todo para tomar el destino en sus manos.
1917, después como antes
Extraño aniversario el centenario de la revolución bolchevique. Envuelto en un escenario capitalista, que es justamente el que buscaban superar los compañeros de Lenin, aparece protagonizado tanto por sus más encarnizados enemigos, en un ajuste de cuentas histórico, como por sus más implacables críticos, en un intento de extraer lecciones de la implosión del estado obrero que nació de la insurrección de 1917. De esa experiencia, más de setenta años de existencia de la Unión Soviética, unos y otros, eso sí con fines opuestos, coinciden en no pocos de los análisis. Desde la ausencia de democracia, como si en algún momento de esas tensas siete décadas no hubiesen vivido bajo el acoso, al poder absoluto de Stalin, como si su personalidad fuese el demiurgo de la historia, por no hablar de los que teorizan acerca de la irrelevancia política de la clase obrera, justo cuando continúa creciendo el número de trabajadores en centenares de millones de personas. Nada más lógico que el llamado socialismo científico, del que se reclamaban todos los líderes del Octubre Rojo, haya sido sustituido por el apogeo de lo que Marx denominaba socialismo utópico.
La celebración del primer centenario de la revolución soviética sin [...]
La celebración del primer centenario de la revolución soviética sin duda debería y podría ser la ocasión propicia para deconstruir al menos algunas secuencias , interpretaciones y lugares comunes que recaen sobre aquel acontecimiento y sus protagonistas. Ni la revolución es la toma del Palacio de Invierno ni el partido bolchevique es una secta uniforme y dogmática en donde Lenin recibe obediencia y ejerce su autoridad sin discusión alguna. Todo lo contrario. La revolución es la culminación de un largo y complejo proceso, el partido bolchevique es una inteligencia crítica, autocrítica y activa y Lenin es un revolucionario que sabe “no tener razón”, cualidad esta poco usual entre los dirigentes políticos de su tiempo.
Cien años de bombardeo
La importancia de la Revolución de Octubre de 1917 cuyo centenario conmemoramos, puede medirse por la magnitud del bombardeo ideológico desencadenado contra ella, que dura también cien años. Un siglo de ataques desde la derecha y la izquierda, para presentar la primera revolución obrera triunfante como un gran error, que trajo al pueblo muchas calamidades y lo entregó a las garras de despiadados dictadores.
Las mujeres y la Revolución rusa. Cambiar el mundo, revolucionar la vida
El 8 de marzo de 1917, en el día internacional de las mujeres, daba comienzo la Revolución rusa. Las obreras de las fábricas textiles de Petrogrado salieron a la huelga y agitaron en las fábricas vecinas: “¡Abajo la guerra!”, “¡Pan para los obreros!”. Poco después se vivó una inmensa huelga general, que terminó con el Imperio de los Zares.
Octubre 100 años después. Un nuevo comienzo para el comunismo
En la última década se ha sucedido un ciclo de movilizaciones de carácter global, fruto de un contexto de indignación social consecuencia de la crisis, contexto en el que surge de nuevo el debate de las nuevas formas de comunismo hoy.
El legado de Octubre. Interrogantes y objeciones
El colapso de los sistemas de tipo soviético existentes en Europa central y oriental conformó un inédito acontecimiento revolucionario que se llevó por delante con extraordinaria rapidez el viejo orden administrativo. Entre 1989 y 1991 se desbarató un bloque de países que tenía sus señas de identidad enraizadas en la Revolución de Octubre que estaba en su origen. La disolución formal de la URSS en diciembre de 1991 fue el acto final, el resultado del evidente agotamiento histórico de un movimiento revolucionario a escala mundial que se fundó y tomó impulso en la insurrección bolchevique de octubre de 1917.
“Fui, soy, seré”
Revolución es una palabra que escuchamos muchas veces, pero que adquiere su significado más profundo y esperanzador para las clases y los pueblos oprimidos cuando nos referimos a la Rusia del 17. No encuentro mejores ejemplos que la Revolución Francesa de 1789 y el alzamiento bolchevique para demostrar que, lejos de ser un sueño irrealizable, podemos cambiar el mundo desde sus cimientos para que los que hoy no son nada, lleguen a serlo todo.
Tácticas y estrategias de la Revolución
Como señala el Profesor Fontana, el centenario de la Revolución Rusa de octubre de 1917, debe servir para “sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre”. Yo añadiría, además, para comprender mejor las derrotas revolucionarias desde entonces.
Lecciones de octubre rojo: comunismo es democracia
Cuando a mediados del siglo XIX los jóvenes revolucionarios Karl Marx y Friedrich Engels iniciaron su obra, orientaron su trabajo hacia la resolución de un “enigma histórico”, el planteado por la continuidad en el tiempo de las desigualdades entre minorías acaudaladas y mayorías empobrecidas, al tiempo que la creciente productividad del trabajo humano permite erradicarlas. Para ello, partieron de una cuestión clave: ¿De qué manera debería reorganizarse el mundo para construir un nuevo orden basado en la justicia? ¿Quién debería ser el agente impulsor de esta transformación?
Octubre es del siglo XX
El centenario de la Revolución de Octubre y el balance de este siglo de historia en buena medida determinada por ella nos colocan ante lo que, creo, es la cuestión más importante, saber si y en qué medida Octubre sigue operando como el gran foco de aliento y esperanza para millones de personas que en diversas zonas del mundo sufren la injusticia y la opresión y aspiran a una vida distinta.
Reflexiones sobre las revoluciones de 1917
La mirada del triunfador no suele conducir a una comprensión más cabal de la historia. Para quien se encuentra poseído por la creencia de que los individuos, clases sociales o naciones más merecedores del éxito han ganado la partida, el pasado aparece exclusivamente como el escenario en el que los vencedores van perfilándose y derrotando progresivamente a sus rivales hasta la apoteosis final del presente. La historia queda degradada al relato de la marcha victoriosa de las actuales clases dominantes sobre los obstáculos que ocasionalmente han intentado frenarla.
El Estado y la Revolución de Octubre
Fontana abre un abanico muy amplio de temas sobre la revolución rusa y el desarrollo de la sociedad soviética. En este centenario tendremos ocasiones para discutir todos esos temas, que no son cuestiones históricas que se agotan en sí mismas sino punto de partida fundamental para reflexionar y debatir sobre la construcción del socialismo. Pero para empezar, sería bueno fijar la atención en el acontecimiento que ahora se conmemora: la revolución soviética de octubre de 1917 y su desarrollo inicial en los años críticos de 1917 a 1923, el periodo que va desde la toma del poder hasta la desaparición de Lenin, en el que se consolida el poder de los bolcheviques en medio de la catástrofe, primero, de la guerra civil y las intervenciones extranjeras y, luego, del hambre y la crisis económica.
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