Urge un nuevo discurso que transforme las sucursales municipales en ayuntamientos
Jerónimo Llorente Hernández
Activista sindical, social y político. Promotor de "Otra Guadalajara es Posible"
El titular de este artículo, es la sucinta frase que utilizó un excelente amigo, para manifestarme que se había quedado con la esencia del mensaje que he querido transmitir en este librito -llamémosle así- que acabo de publicar, donde hago una propuesta de programa municipal motivada de 25 puntos, de cara a las elecciones municipales que fue entregada al CCE de Podemos en su reunión del 10-03-2018.
La verdad, me siento satisfecho de esas páginas. ¿Las causas?: Que tengo bastante experiencia de cómo es el municipalismo por dentro; que le he echado muchas horas a reflexionar sobre la motivación de mis propuestas. Y que no me siento influido por las anacrónicas y manipuladoras formas de entender el municipalismo por parte del bipartidismo.
Creo que estos tres requisitos son básicos para intentar construir un discurso objetivo que demuestre, que la transición de la dictadura a la democracia todavía no se ha hecho en el municipalismo y que lo que llamamos ayuntamientos, salvo en grandes urbes, no son otra cosa que meras sucursales, pedanías o franquicias dependientes por completo de los dirigentes políticos que gobiernan las estancias superiores (Estado, CCAA y Diputaciones).
Los ayuntamientos bajo el franquismo.
Sabido es, que en el franquismo no existía el sufragio universal y que las corporaciones municipales se formaban con las llamadas ternas: cabezas de familia, sindicato vertical y gobernador civil, con concejales y alcaldes que fueran de perfil franquista y caciquil con los abajo, los vecinos, y sumisos con los de arriba, donde la validez o no de las candidaturas las determinaba el Gobernador Civil.
Algunos alcaldes, los más allegados a los popes del gobierno civil y de las diputaciones tenían, además, el privilegio de recibir ayudas graciables para su municipio. No con fines electorales (no había elecciones) si no por vanidad personal de los de arriba para que les montaran una inauguración con mucho boato, una placa y una calle o plaza con su nombre.
¿Y qué ha cambiado con la democracia?
Pues en general, que al restablecerse el sufragio universal, los candidatos tienen que pasar por las urnas, aunque sea con formas tan escasamente democráticas, como las listas cerradas y bloqueadas y el injusto reparto de concejales mediante el sistema D’hondt. Esta reforma forzada por aquello de las apariencias democráticas y alguna otra de tono menor por la misma causa, recogidas en la Ley sobre Régimen Local de 1985, es todo el cambio democrático que ha introducido el bipartidismo en los ayuntamientos. Un mero cambio de fachada, pero dejando intacto el sistema franquista en lo esencial.
Y todo ello, a pesar de prometer campaña tras campaña electoral los dos grandes partidos, que su principal prioridad era hacer una Ley Orgánica de Régimen Local que acabara de raíz con todos los vestigios del régimen anterior y les devolviera a los ayuntamientos todo lo que precisaban para hacer un municipalismo digno de tal nombre; promesa que cuarenta años después sigue sin cumplirse, y no por casualidad.
Sigue sin cumplirse, porque el bipartidismo siempre ha tenido como principio controlar y manipular a las instituciones y organizaciones de base, donde las más relevantes son las instituciones municipales. Y si la fórmula de ese sometimiento desde arriba ya se lo dejaba montado el franquismo, pues miel sobre hojuelas ¿Para qué cambiarlo? Por otro lado, ambas fuerzas se sentían tan seguras que iban a gobernar en alternancia toda la vida, que han acabado por entender las instituciones como algo patrimonial de su propiedad, como fines en sí mismas, que les permitía utilizarlas como les diera la real gana.
Y no, las cosas no son así. Los ayuntamientos, como cualquier otra institución u organización, no son fines en sí mismos, sino sólo herramientas para conseguir unos objetivos. En este caso herramientas para pasar de la dictadura a la democracia.
Bases sobre las que construir la nueva herramienta municipal
Y como las herramientas de la dictadura no sirven para instaurar la democracia municipal, pues se requiere de otras nuevas que, cuarenta años después todavía están por hacer. De ahí que sea una tarea absolutamente vital dotare de las principales piezas para construirla. Al menos las siguientes:
-Crear una Ley Orgánica de la Administración Local verdaderamente democrática, así como las leyes, decretos y reglamentos que posibiliten su instauración efectiva.
-Conseguir que los ayuntamientos tengan autonomía propia y competencias definidas y que cuenten con los recursos económicos suficientes para abordarlas.
-Que dichos municipios tengan sus propios presupuestos, conforme a los baremos que se establezcan para poder saber de ante mano de qué dinero se dispone. Única manera posible de establecer sus propias tareas y sus prioridades, para lo cual dicho dinero deberá proceder de los recursos propios y de una cantidad fija y suficiente del Estado y las CCAA.
-Inmediata supresión de las ayudas o subvenciones graciables concedidas por los dirigentes políticos desde las instituciones superiores que gobiernan (Estado, CCAA y Diputaciones), que suponen una verdadera mafia montada por los dirigentes políticos, para someter a la más indigna sumisión y control a los ediles y especialmente a los alcaldes y alcaldesas más íntegros, aunque no a todos, ya que muchos de ellos aceptan el juego por razones de trepe, clientelares, de sectarismo partidista, de ego…
-Inmediata reordenación territorial por comarcas naturales, condición necesaria para organizar mancomunadamente las tareas municipales que sobrepasan el ámbito de cada municipio y participar en otras acciones y organismos comarcales que interese, ya que son estos ámbitos los de mayor proximidad a los ayuntamientos que, además gozan de entidad propia. El ámbito provincial serviría como lugar de encuentro y coordinación de dichas comarcas.
-Recibir los recursos económicos fijos del Estado y las CCAA en función de las necesidades que demanden las tareas municipales o supramunicipales a atender y no bajo el injusto y discriminatorio criterio del número de habitantes.
-Equiparar las cuantías económicas percibidas a la conocida media del 33, 33, 33 que rige en los países europeos de democracia avanzada. Esto es: 33% para el Estado. 33% para las CCAA y 33% para los municipios. A día de hoy, el municipalismo en España cuenta con un 17% del total de los presupuestos, por lo que se establecería un plazo para alcanzar la homologación de entre cuatro y seis años.
-Reordenar las partidas de gastos e ingresos de carácter municipal existentes de tal modo que se eliminen todos los gastos innecesarios y se optimicen los ingresos.
Son sólo pinceladas de brocha gorda, sobre cómo y en qué dirección se deben preparar los ayuntamientos para que dejen de ser sucursales, pedanías o franquicias de las instituciones superiores y se conviertan en verdaderas corporaciones municipales con vida propia, autonomía propia y presupuestos propios
En España hay 8.125 ayuntamientos y un 80% de los ediles no se eligen en las grandes urbes, sino en los demás municipios. Y es en ellos donde los puntos básicos antes enumerados, se convierten en verdaderas y urgentes necesidades para hacer un municipalismo que sea digno de tal nombre.
En las grandes urbes, mal que bien, los ayuntamientos pueden arreglárselas mejor al ser entidades con mayor entidad propia y con mucha más capacidad recaudatoria, tanto específica como de la proveniente de las partidas fijas del Estado y las CCAA, al contar con el privilegio de asignarse las mismas en proporción al número de habitantes; pero en los demás municipios (la inmensísima mayoría) o se parte de los criterios antes resaltados o estamos perdidos.
No es posible exponer en el reducido espacio de un artículo un programa municipal que, con los matices que se quiera, es aplicable a la práctica totalidad de municipios, con la excepción de las grandes urbes, pero quienes deseen conocer mis propuestas pueden leerlas pinchando el enlace del primer párrafo de artículo.
Poner el dedo en la llaga, le duela a quien le duela
Creo que el conjunto de propuestas ponen el dedo en la llaga y retrata lo que por ahora se puede esperar de cada fuerza política.
Del bipartidismo, nada, porque precisamente si las cosas están así de mal, si los ayuntamientos sólo tienen de tales el nombre, si los ediles se supeditan al partido por el que se presentan y no a los vecinos que los han elegido, no es por casualidad, sino porque así lo han montado deliberadamente ambas fuerzas. Control y tutelaje total desde arriba a través de las ayudas graciables, redes clientelares y medres por doquier y ni mencionar la autonomía y los presupuestos propios. Y mejor callar y otorgar, porque el que se mueva no sale en la foto, como alguien dijo
También creo poner el dedo en la llaga, sobre los nuevos partidos ya que al acudir al municipalismo sin ataduras y limpios de polvo y paja, en sus manos está la gran ocasión de luchar para dar un giro de 180º al municipalismo. Además es su obligación, porque si no lo hacen ¿para qué puñetas nos sirven los nuevos partidos?
Por ahora uno de ellos, Ciudadanos, aboga por poner las cosas peor aún de lo que están, ya que tal y cómo han anunciado muchas veces pretenden suprimir 6.000 municipios bajo la burda mentira de ahorrar gasto, cuando todos los que conocemos mínimamente la vida municipal sabemos, que el despilfarro, el clientelismo y demás corruptelajes, se dan a lo bestia en los grandes ayuntamientos, pero no en los pequeños y medianos, que son modelo a imitar por su sentido de la austeridad y el ahorro.
Podemos, a día de hoy, tampoco suscita muchas esperanzas. Sobre el programa, que es lo primero, todavía no tiene una sola letra escrita a estas alturas, salvo la propuesta de 25 medidas motivadas que yo mismo, un simple inscrito de base (me ruboriza decirlo, pero así es) elevé al Consejo Ciudadano Estatal de Podemos del 10-03-2018 Podemos.
Tampoco parecen tener muy en cuenta que las elecciones municipales se celebran en 8.125 municipios y hasta ahora no han trasmitido señales de aspirar a formar candidatura en la mayoría de ellos, pues de ser así tendrían que estar ya inmersos en un trabajo permanente y exclusivo todas las redes de organización y participación de Podemos, reforzadas con municipalistas expertos en la materia.
Inmersos no quiere decir mandando circulares, sino arremangándose, gastando gasolina y haciendo muchos miles de kms para ir a todos y cada uno de los círculos cuantas veces sean necesarias, ya que no habrá más candidaturas que las que los propios círculos sean capaces de hacer desde abajo y para ello antes tienen que mamarse bien el programa y la táctica todas personas de cada círculo.
Pero las cosas hasta el momento no parecen ir por ahí, sino que se observa una preocupación excesiva por las candidaturas de los principales ayuntamientos y un interés pernicioso de controlar esas candidaturas desde los órganos de dirección del partido, que por extenderlas al máximo de municipios y dotarlas de un programa que convierta a todos los ayuntamientos en mayores de edad.
Es vital lo que haga Podemos en las próximas elecciones, dado que por exclusión, en esta fuerza radica la única esperanza, que será tanto mejor (perdón por la inmodestia), cuanto más se parezca al contenido de mi librito.
Todavía no se ha dado el pistoletazo de salida y, por ello, aún cabe la reflexión y la rectificación sobre cosas que no se acaban de entender desde la dirección; aún cabe salir con las ideas claras. Esperemos que así sea, porque no hay ningún otro clavo ardiendo al que nos podamos agarrar.