Muchos rurales, muy diferentes. Algunas propuestas para el debate en agrosistemas del noroeste
Uxío Otero Castro
Profesor de Procesos de Producción Agraria en la Escuela de Selvicultura de Tineo
Tras leer el texto marco del debate y las siguientes aportaciones, no puedo menos que manifestar mi acuerdo inicial con todas ellas. Lo que ocurre es que las propuestas no dejan de ser intenciones programáticas de las cuales no sabemos cómo podrían llevarse a la práctica (impulso al desarrollo sostenible, no a los acuerdos de libre comercio, etc, etc, sí, pero ¿cómo?)
Por otro lado parece también claro, a la luz de las opiniones, que las soluciones no pueden ser planteadas a nivel estatal, y muchas veces ni siquiera autonómico. Efectivamente, las comarcas, como unidad de gestión, obedecen a realidades históricas que atienden a sus peculiaridades ecológicas, seguramente este marco sería el idóneo para plantear diferentes soluciones a los retos. En algunos casos, como propondré luego, incluso puede ser necesario implementar diferentes políticas dentro de la misma comarca.
Con todo esto quiero decir algo que está siempre en el discurso, pero que no acaba de llevarse a la práctica: Partiendo de leyes agroambientales o sociales generales, que incumban a todos los ciudadanos, su reglamentación y aplicación debe depender del entorno. No es igual el abandono del rural en la zona entre Soria y Zaragoza, por ejemplo, que el abandono que se manifiesta en la montaña occidental asturiana, aunque este sí que tenga mucho que ver con el abandono del rural en el interior de Galicia. El abandono es un hecho en todos los casos. Los derechos de los habitantes de la comarca de Aranda (escuela, sanidad, carreteras, internet…) son los mismos que los de los habitantes de Cangas de Narcea, pero la forma de abordarlo no puede ser igual. Lo mismo podemos decir de los sistemas productivos tan diferentes. Me gustó la aportación de las “mantas de cuadros y el todo terreno”, pero no tiene nada que ver con la realidad rural del noroccidente. Y ligado al sistema productivo, lo mismo se puede decir de la adaptación al cambio climático, con estrategias que dependerán de cada entorno agroecológico.
Por poner un ejemplo, voy a intentar hacer un análisis rápido de la situación en la zona en la que vivo y trabajo. El Concejo de Tineo, situado en el suroccidente de Asturias, tiene en 2017 9.700 habitantes (13.578 en 1996), con una pirámide poblacional totalmente invertida. 3.700 personas viven en la villa, y el resto están distribuidas en nada menos que 337 pueblos. Algunos ya están abandonados, pero hay una enorme cantidad de ellos que tienen entre 1 y 10 habitantes. Todo ello en un concejo de 540 km2 que provoca que para llegar desde alguna de las aldeas hasta la villa, se pueda tardar hasta una hora en coche por pequeña carreteras de montaña. La economía se basa en la ganadería, con pequeñas explotaciones familiares de ganado de leche (semiextensivas, en los valles), de carne (extensivas, en las zonas más altas) o mixtas. Es importante la producción forestal, algo de minería e industria auxiliar y de servicios para la explotación ganadera[1].
En un contexto así, lo preocupante no es el abandono del territorio, si no la dispersión de la población. Tenemos niños de primaria que viajan más de una hora para llegar al colegio a las 9:30. Una red de transporte público en estas condiciones es insostenible. Lo mismo ocurre con la atención sanitaria a una población muy envejecida, o la asistencia social a un enorme número de ancianos y ancianas que viven solos/as en sus pueblos.
Es en esta realidad donde además debemos implementar planes de acción contra el cambio climático, apoyo a la protección de la biodiversidad, implementar políticas agroalimentarias que liberen a las explotaciones familiares de la tiranía de los mercados, etc. Pero para que todos estos planes se puedan llevar a cabo, lo primero que se necesita es gente que habite el entorno. La tendencia actual es hacia el abandono y esto es lo primero que habría que revertir:
- Fomentar el abandono de las aldeas. Totalmente incorrecto, ¿verdad? Sin embargo, creo que habría que abogar, en este tipo de entornos, por estimular que la población se concentre en las cabeceras de las parroquias, entendiendo “parroquia” en el sentido de división administrativa que tiene en el occidente de Asturias y Galicia, donde los pueblos se dividen en parroquias y estas a su vez en aldeas. Es la única forma de poder garantizar sus derechos a la población. La única forma de que funcionen pequeñas escuelas rurales integradas, o de que haya consultorios sanitarios atendidos todos los días, o de tener a disposición conexiones fiables a internet, traída de aguas, saneamiento y todas aquellas cosas que se dan por hechas pero que no llegan a casi ninguno de esos 337 pueblos que conforman el Concejo. ¿Cómo? Facilitando vivienda en estos lugares, dotándolos de servicios, con ayudas fiscales por vivir ahí, pero a lo mejor, una vez hecho lo anterior, también eliminando servicios insostenibles como transporte escolar o recogida de basuras en aldeas y caserías donde, a pesar de la oportunidad, siguen viviendo dos o tres personas. Pensemos que de esta forma se podría mantener la unidad productiva (explotación vacuna) en la aldea, mientras las personas viven en núcleos cercanos, algo más grandes, donde se puede socializar, tener una escuela rural, un dispensario médico, un supermercado o un bar.
Una vez clara esta línea de actuación, y mientras se lleva a cabo, sería el momento de incidir en el resto de aspectos:
- Planes de acción contra el cambio climático y de empoderamiento frente a los mercados: Somos productores de metano, junto con la leche y la carne es nuestra principal producción. Se trataría de extensificar las explotaciones lecheras, reduciendo su dependencia de los alimentos concentrados. De esta forma, se eliminaría el problema de los purines y se ganaría autonomía económica. Para ello hay que apoyar una vuelta a genéticas más adaptadas a la intemperie, menos productivas, desde luego, pero también menos generadoras de gastos. Esto iría unido a planes de redimensionamiento del parque de maquinaria agrícola de la zona, muy moderno y adaptado a zonas de gran producción, lo que ha traído uno de nuestros principales problemas, y es que para adaptarse al mercado, a los ganaderos no les ha quedado más remedio que meterse en una carrera de continua mecanización y aumento de producción, que ha generado un enorme endeudamiento y ha expulsado a los más débiles, con el consiguiente cierre y abandono. En definitiva, en palabras de Van der Ploeg, “recampesinizar” el medio, aprovechando las últimas tecnologías pero adoptando estrategias de resistencia paralelas al mercado. Potenciar la multifuncionalidad del monte, reintroduciendo las ganaderías mixtas de antaño, etc. Por supuesto, dentro del marco general de la PAC, adaptar su aplicación a cada zona. Los problemas expuestos en el artículo sobre “mantas de cuadros y todo terreno” son muy diferentes a los de aquí.
- Apoyo y protección a la biodiversidad. Cuando nos demos cuenta de que las praderas polifitas son mucho más interesantes que las altamente productivas praderas de ray-grass, pues permiten el pastoreo continuado, impidiendo la degradación del suelo, etc, quizá hayamos dado un paso importante para entender que la biodiversidad juega un papel fundamental en nuestro ecosistema. Esta es tierra de lobos, osos, etc. Ocasionan problemas con nuestro ganado, pero también mantienen a raya al jabalí que destroza los prados, o impiden los brotes de sarna manteniendo a raya las poblaciones de corzo.
- Implementar políticas agroalimentarias al servicio de nuevos modelos de producción social sostenible. Ahí tenemos parte del camino recorrido, las cooperativas ganaderas de la zona suelen tener líneas de cooperativas de consumo, donde ya se da la venta de producciones locales. Este modelo hay que favorecerlo e impulsarlo todavía más.
- Devolver a los vecinos la gestión del territorio. Los montes vecinales en mano común, habituales en esta zona, deben estar gestionados por los vecinos/as, no por los ayuntamientos ni por las consejerías. Eso sí, debe exigirse responsabilidad en esta gestión.
- Formación. Mucha formación, como forma de revalorizar el trabajo del ganadero/a. Exigir titulaciones al menos de FP de grado superior a quien detente la propiedad de la explotación, personas que manejan fitosanitarios, distribuyen antibióticos a su ganado, son responsables de la sanidad animal y humana… Y por supuesto, reestructurar los currículos de la formación profesional reglada: en España no existe un ciclo superior de FP que contemple la gestión multifuncional del rural, y tenemos un ciclo superior de ganadería perfectamente válido para la España mediterránea, pero de muy poca aplicación al norte de la Cantábrica.
Son ideas rápidas y genéricas, obviamente todas ellas son susceptibles de mejora, que solo pretenden ser una base para reflexionar y debatir.