Una puntualización sobre el "consenso de Washington"
Carlos Javier Bugallo Salomón
Doctor por la Universitat de València
Los moderadores de este necesario y oportuno debate han planteado varias preguntas clave: si el segundo mandato de Trump supone un antes y un después en la agenda político-institucional y en el modelo de desarrollo capitalista; en qué medida implica un abandono de los acuerdos de Bretton Woods de 1946 y del llamado Consenso de Washington de los años ochenta; y si introduce cambios sustantivos en la geopolítica mundial.
Como puede apreciarse, estas preguntas remiten a un término de uso frecuente en los medios de comunicación, pero también ampliamente mal comprendido: el «Consenso de Washington». Si se consulta a ChatGPT sobre esta expresión, se obtiene la siguiente definición sintética:
El Consenso de Washington es un conjunto de recomendaciones de política económica formuladas a finales de los años 80 para países en desarrollo, especialmente América Latina, con el objetivo de estabilizar sus economías y promover el crecimiento.
El término fue acuñado en 1989 por el economista John Williamson. “Washington” no alude a un gobierno concreto, sino a instituciones con sede allí, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de EE. UU.
Hace tiempo leí el artículo en el que Williamson explicó el significado de este término —What Washington Means by Policy Reform— y me llamó la atención un aspecto que ha pasado desapercibido para muchos comentaristas: la incoherencia sistemática de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos con respecto a las recomendaciones asociadas al propio Consenso de Washington. Esta incoherencia queda claramente reflejada cuando se examinan las explicaciones que el propio ChatGPT ofrece al respecto:
Según John Williamson, Estados Unidos no practica de forma coherente los ideales que él resumió bajo el nombre de Consenso de Washington.
Williamson fue explícito en este punto en varios textos posteriores. Para él, el Consenso de Washington no describía la política económica interna de Estados Unidos, sino el conjunto de recomendaciones que Washington promovía hacia los países en desarrollo, especialmente en América Latina.
De hecho, señaló varias incoherencias claras:
Proteccionismo: Mientras se recomendaba a América Latina liberalizar el comercio, Estados Unidos mantenía aranceles, subsidios y barreras no arancelarias en sectores sensibles como la agricultura, el acero o los textiles.
Intervención estatal selectiva: EE.UU. utiliza activamente políticas industriales, subsidios, compras públicas y rescates financieros (por ejemplo, en el sector bancario), algo contrario a la imagen de “Estado mínimo” asociada al Consenso.
Déficits fiscales persistentes: La disciplina fiscal era una recomendación central para países en desarrollo, pero Estados Unidos ha operado durante largos períodos con déficits elevados y deuda creciente sin enfrentar las mismas exigencias.
Doble rasero institucional: Williamson subrayó que muchas políticas exigidas a países latinoamericanos no eran políticamente viables ni socialmente aceptables en EE. UU. o Europa.
En síntesis, para Williamson el Consenso de Washington fue un diagnóstico de lo que Washington aconsejaba, no un modelo que Estados Unidos siguiera estrictamente. Esta asimetría es una de las razones por las que él mismo criticó el uso dogmático y simplificado del término en el debate público.
Desde esta perspectiva, en lo que respecta a la política económica, no parece que el llamado «trumpismo» represente una ruptura clara con el pasado. Sugiero que puede interpretarse como la prolongación exacerbada y desprovista de hipocresía de una tradición imperial que hoy resulta cada vez más difícil de mistificar.
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Experta en relaciones políticas y comerciales internacionales, vive en Pekin y utiliza este alias por razones de seguridad.
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Profesor investigador de la División de Estudios Multidisciplinarios (DEM) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en Ciudad de México
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Sociolingüista y analista del discurso. Profesora de la Universitat de les Illes Balears. Autora de Trumpismo discursivo
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Catedrático emérito de la Universidad Complutense. Presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
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Profesor titular jubilado del IFSP (Instituto Federal de São Paulo) y doctor en historia por la USP (Universidade de São Paulo)
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Cien avisa, quien uno castiga. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
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Catedrático de Historia Económica en el departamento de Economía Aplicada de la Universidad de las Islas Baleares (UIB)
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Trump temporada 2: imperialismo en estado puro
“Trump, el imperialismo desbocado”. Así titulaba a cinco columnas El País su portada el pasado domingo 11 de Enero. “Una nueva era imperial para el siglo XXI” era por su parte el título de su suplemento Ideas del mismo día.
Profesor del Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla. Economista y Sociólogo
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No hay atajos
En el libro Contra el autoritarismo de la libertad financiera, las pensadoras y activistas argentinas Verónica Gago y Luci Cavallero realizan, refiriéndose a Argentina, una reflexión que me parece generalizable al momento que atravesamos a escala global.
Trump, capitalismo y desorden
La ficción puede ser, a veces, la mejor forma de acercarse a la realidad-real. Trump y sus constantes espasmos geoestratégicos pueden considerarse el resultado de un guion distópico e irreal pero también la expresión de la cruda realidad que no queremos ver. Quizás lo que ocurre es que la sociedad actual esté tan mediatizada, tan acostumbrada a la ”realidad ficcionada”, que no le cabe en la cabeza que las posiciones de Trump son reales y forman parte de un plan meditado basado en causas objetivas.
EEUU: Trumproe. El regreso de la doctrina Monroe en clave actual
Cuando todavía estaba fresca la tinta con que fue impresa la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU el presidente Donald Trump decidió aplicarla. El campo experimental fue Venezuela con los acontecimientos por todos conocidos que culminaron con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada y esposa Cilia Flores.
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José Luis Trasobares: Cuando el gran cineasta Costa Gavras dijo que Trump es la personalidad que mejor define nuestra época daba a entender que el actual presidente norteamericano es a la vez el agente, el símbolo y el impulso estratégico de una nueva edad histórica. Después de él es muy probable, casi seguro, que las cosas, todas ellas, vayan a peor. Vivir en este planeta siempre fue peligroso para la mayoría de sus pobladores, a partir de ahora lo será más. Ya lo es.
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