La politización necesaria para un mundo rural vivo, justo y sostenible para todas
Ariel Jerez
Profesor de Ciencia Política (UCM) y Consejero estatal coordinador del Area Consejo del Mundo Rural, la sostenibilidad y la Soberanía Alimentaria de Podemos.
Pensar el futuro de nuestros pueblos, campos y territorios rurales es un ejercicio de responsabilidad intelectual y política también para los que habitan las ciudades. Tanto los ciudadanos urbanos como vecinos rurales estamos obligados a pensarlo en forma de proyecto común, a diseñar un futuro de una comunidad pluri-nacional que tiene que cuidar el conjunto de un territorio compartido. Y pocos son tan hermosos como el albergado en nuestra peculiar península ibérica que, cerrando el mediterráneo al océano atlántico conforma un rincón del mundo con singularísimas características orográficas y climáticas, donde se han desarrollado culturas campesinas con saberes ancestrales labradores de paisajes en centenares de comarcas bioregionales que hoy constituyen la mayor reserva de biodiversidad de Europa occidental, además de darnos aire, agua y alimentos todos los días.
En nuestro debate online de Espacio Público han participado quince personas, unos expertos y profesionales en políticas agrarias y rurales; otros estudiantes, profesores de universidad y miembros de asociaciones u organizaciones sociales; otros que han ocupado u ocupan cargos técnicos o políticos como diputados, alcaldes o concejales. Algunos de ellos vecinos rurales que desarrollan la mayor parte de su trabajo y su vida cotidiana en pequeños pueblos, lo que añade la parte experiencial a un conocimiento siempre sentido como “con causa”, porque vivir en algunas zonas rurales exige una voluntad firme y resistente, todavía hoy casi militante.
Como intento de síntesis de un debate informado, con datos muy significativos y valoraciones a contracorriente de tendencias muchas veces sentidas como inexorables de una modernización que parece querer condenar a una muerte lenta a nuestro mundo rural, recogemos de las argumentaciones desarrolladas por los autores tres grandes perspectivas desde la que de alguna manera se viene a reclamar la politización más ambiciosa e intensa de un debate que se considera sectorial, pero de vital importancia estratégica para el conjunto de nuestro modelo de desarrollo.
- La despoblación como reto territorial. La mayoría de los análisis apuntan este reto fundamental señalando que cuando se llega a la situación de desierto demográfico, es casi imposible revertir la situación. Todo intento de repoblamiento debe exigir grandes esfuerzos de reforma para aprovechar al máximo los múltiples recursos contemplados en las agendas de las distintas administraciones. Desde una cuestión tan central como el mejoramiento y adecuación de la Política Agraria Común (PAC), que reparte anualmente miles de millones (más de 5500 en ayudas directas), que premian a los poderes concentradores de tierra, tecnología y actividad en explotaciones altamente mecanizadas con bajo nivel de empleo. Hoy por hoy, lo que puede considerarse el mayor esfuerzo de inversión pública en la economía no consigue el relevo generacional en la tradicional actividad agroganadera de corte familiar, ni frenar la pérdida de explotaciones y de tierra agrícola, ni mejorar la respuesta de la cadena alimentaria a los retos del cambio climático. También son varios los que señalan la Ley 45/07 de Desarrollo Sostenible del Medio Rural como una herramienta, abandonada sin llegar a ponerse en marcha, pero fundamental para pensar en la mejora desde una perspectiva territorial que integre servicios, prestaciones e inversiones en la llamada comarcalización, como forma de impulsar una estrategia sinérgica de recursos y capacidades que tienen que ganar coordinación tanto vertical como horizontal entre las administraciones estatal, autonómica y local.
- El caciquismo y la reformulación participativa del poder local. Otro aspecto señalado por varios autores implica una revisión histórica del poder político rural, un espacio clave desde donde el conservadurismo ha mantenido su hegemonía histórica con las redes del caciquismo clientelar frente las protestas que cruzaron en rural español en los siglos XIX y XX, con las revueltas cantonalistas, el republicanismo y los sindicatos. Las perspectivas federalistas de los de abajo fueron enterradas por el centralismo oligárquico de la primera restauración borbónica y la larga dictadura franquista, con la unión de élites religiosas, económicas militares y políticas en una identidad tradicionalista de corte nacional católico donde el imaginario rural ultraconservador sigue representado hasta hoy por diputaciones y autoridades locales para lastrar la vida cívico y cultural en amplios territorios considerados reservorios electorales.
Frente a esta realidad, muchos análisis reivindican la potencialidad participativa de la proximidad y la convivencia cotidiana de los vecinos en el mundo rural, la coincidencia de intereses muchas veces generalizada en el mantenimiento de prestaciones y servicios tan básicos como una escuela, centro de salud, una farmacia o un itinerario de autobuses; en la demanda de cobertura telefónica, internet o de una fiscalidad singular para los autónomos en zonas de repoblación. Estas dinámicas de participación, muchas veces impulsada en dinámicas institucionalizadas como las de los programas Leader, sin caer ni en la idealización ni en la exigencia inviable, sin duda es un valioso recurso para transformar y mejorar las políticas locales. Como han demostrado muchas plataformas y redes que han trabajado en el mundo rural, con un importante impacto en la calidad de vida y la conciencia democrática de la gente que vive en estos territorios, la participación sigue siendo una importante herramienta tanto en la convivencia cotidiana, como en el objetivo de potenciar otros modelos de desarrollo. Aquí cabe buscar y seguir trabajando viejas y nuevas potencialidades de la participación, a combinarse con nuevas tecnologías y nuevos políticas públicas de rentas y cuidados.
- Revitalizar lo rural: punto de partida en la ruta ecosocial. Otro aspecto relevante es la importancia dada al mundo rural como factor de sostenibilidad, para pensar en perspectiva ecosocial el conjunto del territorio, construyendo conciencia de lugar en plural, a partir de las relaciones condenados a mantener entre ecosistemas rurales y urbanos. Al abandono político y postergación normativa y presupuestaria tanto del mundo rural como de la agenda de sostenibilidad en las políticas estatales, en preciso sumar el efecto político de la despoblación que produce el perder gente y tener un vacío de ciudadanía vigilante en amplios territorios. Las decenas plataformas en defensa del territorio que se movilizan contra el impacto socio ambiental de grandes infraestructuras, de técnicas como el fracking o utilizada en otras minerías altamente contaminantes, macrogranjas y la pérdida de las mejores tierras de cultivo en periurbanos mal planificados, son quejas puntuales de los usos abusivos que hacen los poderes empresariales y corporativos sobre crecientes territorios y recursos naturales que se hallan en zonas alejadas de las ciudades y no consiguen llamar la atención de la opinión pública estatal.
Las aportaciones de los autores sobre la España vacía en buena medida evidencia cómo ha sido y sigue siendo vaciada, por una coalición de intereses económicos y políticos indolentes que utilizan los recursos de manera irresponsable, tanto desde los latifundios agrarios como de los latifundios mediáticos. Muchos de los textos repasan las diversas iniciativas adoptadas para el futuro del mundo rural desde las distintas administraciones y entidades (Conferencia de presidentes europeos, Senado, Parlamento Europeo, FEMP), constatando sus históricas limitaciones tanto en sus diagnósticos como en sus propuestas, y sobre todo en el incumplimiento sistemático de la normativa existente. Las tendencias económicas ponen en evidencia que se sigue concentrando las tierras, el mercado agroalimentario y el energético a base de puertas giratorias, sin aprovechar como han hecho otros países, los millonarios programas europeos como la PAC u otros de conservación-transición ambiental, para mejorar las rentas y fijar población en el mundo rural apostando por el empleo verde.
En última instancia, se reivindican otras filosofías y coaliciones para plantear una neoruralización territorialmente ordenada y ambientalmente beneficiosa, para una repoblación con capacidad de arraigo a partir de un nuevo esquema de relocalización en base a la comarca en las políticas públicas. En algunas zonas de montaña se debate la necesidad de abandonar ciertos núcleos de población para generar reagrupamientos de población para facilitar la prestación de servicios, la participación vecinal y viviendas y edificios para nuevos usos. Un mirada para un modelo económico más sostenible obliga a ser crítico con la mera empresarialización impuesta en las últimas décadas, y reformular la actividad económica en una perspectiva de sostenibilidad social del territorio, potenciando la innovación y renovación de la agendas de políticas y no perder de vista la urgencia de transformar la administración pública, reduciendo burocracia y tiempos de decisión y reforzando accesos y participación ciudadanos y circuitos de proximidad. Un proyecto estratégico que necesita nuevas propuestas de formación y de adaptación tecnológica de profesiones, unas tradicionales a recuperar y otras nuevas a adaptar y potenciar, que las coordenadas de cambio climático exigen mejoras en la gestión de bosques, el estudio y protección el patrimonio cultural e histórico y de la biodiversidad de la zonas rurales, el acceso al suelo agrario con bancos de tierras para potenciar la producción agroecológica, una gestión correcta de aguas urbanas, montes y pastoreo. Bajo nuevas condiciones se puede llegar a doblar la población activa agrícola en las próximas décadas (estabilizándola en torno a un 5-6%PEA), combinarse con la potenciación del empleo verde vinculado a la gestión territorial y medioambiental, con los nuevos tipos de trabajos hoy ya demandados en las zonas rurales, como los propios de cuidados hoy claramente insuficientes y otros potenciales con mejores coberturas telefónicas (ofimáticos, telegestión, diseño, audiovisual, cultura, etc.).
Algunos participantes del debate online estuvieron en el debate televisivo en Publico TV moderado por Gustavo Duch (coordinador de la Revista Soberanía Alimentaria, Culturas y Biodiversidad), junto a Celsa Peiteado (Coordinadora de Política Agraria y Desarrollo Rural de WWF-España). Marta de Santos (diputada aragonesa y alcaldesa de Murillo de Gállego) y Franco Llobera (asesor en política rurales y agrología Red Terrae). Para abordar la actualidad de nuestros pueblos también fueron entrevistados “En la frontera” por Juan Carlos Monedero, Marta Chordá (arqueóloga y especialista en Desarrollo Rural) y Fernando Fernández Such (experto en derecho alimentario y políticas agrarias). Creemos que estas iniciativas de comunicación sobre un mundo rural vivo, justo y sostenible son parte importante de un debate de politización de un proyecto que es necesario debatir tanto en las ciudades como en los pueblos.