¿Qué tienen en común Valencia y Rio Grande do Sul? La crisis climática ya está aquí
Sergio Aires Machado
Activista de Juventud por el Clima - FFF
Sofía Fernández Álvarez
Activista de Juventud por el Clima - FFF
Martina Di Paula
Activista de Juventud por el Clima - FFF
-Actualizado a
La crisis climática ya está aquí y la DANA fue un gran recordatorio, disparando la eco-ansiedad de muchas personas. Hemos visto como el número de muertos ha sido el más elevado y las medidas que se habían tomado para hacer frente a la emergencia han demostrado ser de todo insuficientes, tal y como se llevaba denunciando desde los movimientos ecologistas.
Este evento ha estado claramente marcado por la crisis climática, que lo ha hecho más intenso y más probable. Se trata de un ejemplo más de lo que puede suceder en el futuro, así como de una oportunidad para no repetir los mismos errores.
Necesitamos que se tomen medidas de adaptación, de mitigación y para hacer frente a las pérdidas y los daños. Debemos mejorar los sistemas de alerta temprana y proponer soluciones basadas en la naturaleza. También necesitamos mejorar la gobernanza entre los diferentes marcos institucionales. Y no podemos permitir que la desinformación se adueñe de la comunicación de estos fenómenos.
Si el paso de la DANA del 29 de octubre -así como la posterior DANA en la costa mediterránea- ha dejado algo positivo es, sin duda, la certidumbre de que la sociedad sigue teniendo claro los valores del apoyo mutuo y la solidaridad. Ante el caos provocado por la mayor catástrofe natural que recuerda España, personas de València, pero también de todos los puntos del país, se movilizaron para ayudar como fuera a las víctimas de las inundaciones.
Desde quitar barro y lodo con palas y escobas hasta organizar el envío de alimentos y productos básicos para la llamada zona cero. La acción de miles de personas ha hecho que las localidades afectadas y sus habitantes pudieran pasar estos últimos meses de manera algo menos amarga. Muchos de los discursos hegemónicos se mueven en torno a un individualismo salvaje, donde hay que “ser tu propio jefe”, buscar la independencia del resto y enfocarse en alcanzar el éxito propio. Situaciones extremas como esta son la evidencia de la interdependencia, de que necesitamos la comunidad y nos necesitamos entre nosotras. No vamos a poder hacer frente a lo extremo de la crisis climática si no tenemos claro que el apoyo entre vecinas, amigas y demás compañeras va a ser algo fundamental en lo que sea que queramos construir.
Hemos visto una de las mayores catástrofes climáticas a nivel nacional, pero no olvidamos que la crisis climática se trata de un problema global. Sólo este año hemos visto como lluvias torrenciales en el estado de Rio Grande do Sul, en el sur de Brasil, provocaron inundaciones que anegaron amplias zonas de la ciudad de Porto Alegre y sus alrededores, causando más de 180 muertes y millones de afectados. Mientras tanto la administración local se había dedicado a eliminar 480 puntos de la ley ambiental. En agosto de 2024 las inundaciones en Pakistán, desplazaron a más de 140.000 personas, muchas de las cuales viven ahora en tiendas, padeciendo graves riesgos para la salud. Pero no todo son inundaciones, también hemos visto cómo los incendios devoraban Chile, causando más de 130 muertes y 40000 afectados. Miles de hectáreas arden actualmente en Estados Unidos, con 25 muertes hasta el momento. Queremos dejar claro que en todas las regiones del mundo estamos viviendo los efectos del cambio climático, pero no nos afectan a todas las personas por igual. Por eso, desde el movimiento climático exigimos solidaridad internacional.
Como la crisis es global, consecuentemente debemos trabajar a todos los niveles, local, nacional e internacional. En ese sentido, hemos observado con preocupación los tímidos avances que se dan en materia de adaptación en las COPs, fundamental para hacer frente a las consecuencias de la crisis climática. La adaptación será un punto permanente en las agendas de las conferencias climáticas, es decir, será obligatorio que se trate en todas ellas y observamos en los textos referencias a medios de implementación e indicadores que permiten aterrizar los procesos de la UNFCCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).
Lo que se trata en las cumbres internacionales no puede quedarse allí. Las administraciones locales deben seguir de cerca lo que se decida allí y trabajar para que la adaptación climática llegue a los territorios de la mejor forma. La catástrofe de la DANA ha puesto de manifiesto que la política institucional debe tomarse en serio las tareas de mitigación del cambio climático y, especialmente, de la adaptación. Los ciudadanos no pueden permitirse más episodios así, pero el Estado, en todas sus formas, tampoco.
Su principal función debe seguir siendo proteger a los ciudadanos. Ahora, en un contexto de crisis climática al que nos han abocado, principalmente, los estados del norte global, uno de las principales tareas que deben acometer es trabajar para permitir que sus ciudadanos puedan vivir en un mundo habitable, donde el clima extremo no trunque las vidas de miles de personas, como ha pasado en la provincia de València, como ha pasado en Rio Grande do Sul. Si lo extremo va a ser más habitual, los estados no pueden verse sobrepasados cada vez con más asiduidad.