Una alternativa económica pensada “desde dentro”
Eddy Sánchez
Profesor de Ciencias Políticas de la UCM y Director de la Fundación de Investigaciones Marxistas
1. La gran transición geopolítica y Europa como nueva periferia mundial
El elemento central del escenario pos-crisis al que a nivel global nos dirigimos, se caracteriza por el desplazamiento definitivo del marco de acumulación capitalista del eje conocido como “eje atlántico”, al “eje pacífico”, lo que implica entre otras consecuencias el desplazamiento de Europa de la centralidad del capitalismo mundial hacia una posición más periférica, en la que España quedaría como una formación social dependiente y descentrada, insertada dentro de la gran perdedora de la crisis, la periferia europea.
Dentro de este marco se consolida la realidad de una Europa alemana. Si en el nuevo diseño mundial el papel de Europa es el ser una región exportadora, la potente industria y la fuerza financiera alemana consolidan la acumulación de poder de ese país en el marco de la actual crisis.
Esta especialización exportadora profundiza en las relaciones centro-periferia actual a través de la consolidación de tres áreas de especialización dentro de UE: los países del centro sedes de los grandes complejos industriales, plazas financieras y centros tecnológicos de la UE. Una primera periferia marcada por países especializados en tareas subcontratadas por parte de los países centrales, en manufacturas industriales de baja o media intensidad tecnológica, como son el caso de los países del Este europeo o del automóvil español. Y una segunda periferia basada en la explotación de los recursos naturales o del paisaje del área mediterránea, Báltica o del Adriático, en torno a una especialización turística e inmobiliaria, como es el caso de España.
La consolidación de este marco capitalista requiere de la armonización de las políticas neoliberales en torno a la Troika, que en el caso de nuestro país adquieren un papel central, debido a la necesidad que tiene el bloque de poder en España, de aplicar los programas de ajuste por medio de mecanismos internacionales de imposición. Realidad que permite afirmar que la recomposición del capital financiero e inmobiliario en España, tanto a nivel económico como a nivel político, pasa por el triunfo de los programas de ajuste impulsados desde la UE.
2. El papel de España en la nueva división internacional del trabajo de la UE
En lo que respecta a España, la crisis de la década de los setenta del siglo XX conduce a la internacionalización del capital español el cual establece un nuevo marco de acumulación marcado por la incorporación de España en la UE, concluyendo de esta forma el lento proceso de internacionalización de la economía española iniciado con el llamado desarrollismo de la década de los cincuenta del siglo pasado. La incorporación de España en la UE supone una transformación de la estructura productiva española, que tiene en la fuerte pérdida del sector industrial y el control del mismo a manos del capital extranjero, como uno de sus elementos centrales.
Este control del capital extranjero de los sectores industriales españoles permite a las empresas transnacionales (ETN) diseñar la estructura y la geografía productiva de nuestro país, especialización que genera una desestructuración del tejido productivo, que concluye en una inserción dependiente en la matriz intraindustrial controlada por la ETN.
Proceso cuyas características principales son las siguientes:
1. Reducción significativa del sector industrial de bienes finales de alto valor agregado, que pasan a ser importados.
2. Respecto a las industrias de bienes intermedios pasa a ser adquirida de forma masiva por el capital extranjero, que se integra de forma subordinada en las cadenas de producción transnacional.
3. La industria base queda sometida a una fuerte reducción de capacidad instalada.
4. Solo se expanden las industrias más contaminantes (química) o vinculadas a componentes producidos localmente (alimentación).
Este nuevo marco de acumulación resultante del proceso de internacionalización del capital español, provoca una especialización económica de España como suministrador de servicios, en particular de la rama turística y de servicios personales. Especialización que determina una posición periférica de la economía española en la división internacional del trabajo de la UE.
La crisis económica actual ha puesto de manifiesto las debilidades del modelo económico español y el papel que ha jugado la economía española dentro del espacio europeo en la dinámica internacional del capital. Espacio económico que configura una división social del trabajo que relaciona a países exportadores, que con un fuerte desarrollo industrial y tecnológico ejercen su posición de centro, venden sus productos y obtienen un superávit comercial; con países compradores e importadores netos, que como España, centran su demanda en las exportaciones de los primeros. Demanda que se financia en buena parte a crédito, por capitales de los mismos países que exportan.
Nuestro carácter periférico, en la fase actual, es consecuencia de una determinada inserción en la cadena de valor global marcada por las empresas transnacionales, propietarias mayoritarias de los sectores industriales con mayor capacidad de generación de valor agregado en nuestra economía. Es en el proceso de internacionalización del capital español y la especialización productiva consecuencia de la entrada en la UE, dónde encontramos el marco contemporáneo, de la ya histórica construcción de un capitalismo periférico en nuestro país, resultado del proyecto central de las élites rentistas hegemónicas en nuestro país desde el siglo XIX.
3. La defensa de un modelo de integración europeo al servicio de la recuperación de una alternativa económica pensada “desde dentro”
El proyecto histórico actual de la izquierda transformadora pasa por la construcción de una alternativa dirigida a la superación de nuestra condición periférica en el escenario internacional. Para ello necesitamos defender una alternativa económica capaz de dotar de bases materiales a un nuevo modelo de desarrollo, que en mi opinión pasa por los siguientes ejes:
En primer lugar, una alternativa económica que apueste por un modelo de acumulación autocentrado. Debemos confrontar con las teorías económicas que vinculan íntimamente crecimiento, comercio y librecambio, como la propia idea de desarrollo. El objetivo central de una nueva alternativa debe dirigirse a cubrir los fuertes déficit productivos, territoriales y sociales de nuestro país, objetivo que es incompatible con un modelo económico que tenga como prioridad la orientación exportadora. La alternativa económica que aquí se defiende parte de la necesidad de que el logro de un desarrollo pleno del Estado social en España y la superación del problema del empleo, requiere de una base productiva de base nacional coherente y articulada a nivel territorial (autocentrado). Esto no niega el valor económico del sector exterior, sino que éste pueda ser por sí mismo un sustituto socialmente deseable, a la crisis que sufrimos.
Solo así crearemos las bases materiales para el desarrollo de unos ejes programáticos de carácter inmediato: derecho al trabajo sin precariedad, la construcción de un Estado social avanzado, romper con la dependencia del crédito exterior, la sostenibilidad medio-ambiental y la democracia participativa.
Como segundo criterio, la defensa de un modelo de economía mixta planificada, consistente en una economía regulada en sus grandes orientaciones por sus instituciones sociales, a través de la recuperación de mecanismos de planificación indicativa. Dicho proceso regulador requiere de formas de participación de los trabajadores en la gestión de la empresa, en especial hacia el control del uso del excedente (donde dirigir la inversión) y en el control de las políticas de innovación (control del uso de las ayudas públicas a la empresa privada). La orientación desde el Estado de una economía de carácter autocentrado, permite la articulación del capital privado (pymes y economía social) con el desarrollo de actividades productivas de base territorial (reconversión ecológica del sector de la construcción, un sistema de transporte ferroviario de proximidad y de transporte de mercancías pleno, la adopción de un patrón basado en las energías renovables) y de generar una infraestructura social (servicios públicos y nuevas tecnologías) e implantación de servicios sociales de atención personal (ley de dependencia ), que rompa con la subordinación del pequeño empresariado nacional, el cooperativismo y la economía social, como sectores auxiliares de la transnacional financiera, de las grandes constructoras o empresas de servicios y de la industria exportadora.
Como tercera característica se apuesta por una revitalización de la política industrial como instrumento de política económica. Para ello es necesaria la adopción de una concepción más avanzada de política industrial, en cuanto al alcance de sus objetivos y de los instrumentos a emplear, desde la asunción de su carácter estratégico y sectorial, por medio de la apuesta por tres elementos constituyentes. En primer lugar, se busca diversificar la estructura sectorial incorporando ramas o segmentos de mayor complejidad tecnológica (vertiente horizontal); en segundo lugar, incrementar el contenido local del producto final, al controlar y dominar más fases del proceso de fabricación final (vertiente vertical); y en tercer lugar, renovar la base técnica y organizativa de las actividades industriales. De esta forma no se trata de defender un marco de intervención ya caduco, sino defender un marco de políticas industriales orientadas al objetivo del desarrollo industrial y del cambio tecnológico de nuestra economía.
En cuarto lugar, defender un programa económico basado en la superación de los desequilibrios territoriales. La herencia recibida del modelo desarrollista como de los efectos actuales de nuestra dependencia del sector inmobiliario, da como resultado una diversificación de áreas geográficas diferentes a nivel de planta productiva. De esta forma se pueden distinguir cuatro áreas económicas. Las correspondientes a una forma propia del capitalismo maduro (financiero), formadas por: Madrid, Cataluña, País Vasco y Comunidad Valenciana. Las correspondientes a áreas de “monocultivo” industrial, turístico o de agricultura exportadora: Baleares, Aragón, La Rioja, Asturias y Murcia. Aquellas integradas bajo un modelo de subproducción de base agraria o ganadera no exportadora: Castilla y León y Galicia. Por último, las áreas de subproducción urbana o agrícola extensiva: Andalucía, Extremadura y Canarias.
Una quinta característica va en relación a una reorientación de la política ligada al sector exterior y en la promoción de exportaciones, por medio de la adopción de una política comercial estratégica, lo que requiere de una política de estado que defina “industrias estratégicas”. Se requiere el desarrollo de instrumentos activos para la conformación de ramas industriales avanzadas, con capacidad de mantener o ganar posiciones hegemónicas en los principales mercados exteriores. Las potencialidades que se desprenden del Sector de bienes de equipo, ramas como el aeroespacial, el de energías renovables o material de transporte permiten sentar las bases para una nueva especialización en las ramas más demandadas a nivel internacional.
En sexto lugar, destaca la necesidad de una reforma fiscal progresiva y de un sector financiero público. Si los puntos expuestos se referían a la forma de producir, en este lo que se defiende es una transformación sustancial de la forma de distribución de la riqueza generada. Apostar por la progresividad y de la suficiencia financiera, deben unirse en lo fiscal a la defensa del carácter estatal del modelo. A esto hay que unir fórmulas de crédito y captación del ahorro desde un sistema financiero público. Elementos centrales para la construcción de una alternativa política que nos permita aislar el peso central que en el capitalismo español tiene la banca privada.
Por último, la alternativa descrita no es viable en un ámbito exclusivamente nacional y requiere un marco europeo para su expansión. Alternativas de base exclusivamente nacional de base keynesiana o de planificación centralizada, no son viables. La apuesta por modelos autocentrados alternativos es más fácil en el ámbito europeo que en los estados respectivos. En potencia, Europa presenta características favorable para el objetivo definido, al contar con un comercio exterior fuera de la región de sólo un 10%, no tener necesidad de inversión externa, contar con una densa estructura productiva, disfrutar de un alto nivel de nivel autónomo de tecnología y de un alta demanda interna.
Defender, por tanto, un nuevo modelo de integración que apueste por una reestructuración de la división del trabajo en Europa, que parta a su vez de una reorientación de la economía hacia los mercados internos, en especial en Alemania, por medio de una política de rentas favorable a las capas asalariadas, para así permitir, una diversificación productiva en los países de la periferia y la obtención de superávit en sus cuentas, que harían posible la superación de los problemas derivados de la deuda.
Una salida que requiere de un importante cambio en la correlación de fuerzas en toda la UE, que ante su imposibilidad inmediata, no agota las estrategias que pueden adoptar un país solo, o un grupo de ellos, así como la de llevar a cabo políticas económicas y fiscales alternativas dentro del margen de maniobra existente en cada país.