Sanidad y cogobernanza federal
Carme Valls-Llobet
Médica y vicepresidenta de Federalistes de Esquerres
-Actualizado a
Aunque en algunos foros políticos internacionales España es considerada “casi” un estado federal por la descentralización que supone el Estado de las Autonomías, es la falta de un Senado que represente adecuadamente a los territorios y sus diferencias, y la falta de una gobierno compartido multinivel lo que la aleja de poder trabajar de forma federada.
El federalismo no es una estructura cerrada sino un proceso que se desarrolla en función de las características de cada federación, y que pone en práctica un pacto libre entre iguales. Como forma de organización política evita la opresión y la dominación de una parte de la sociedad, etnia o grupo social sobre otros y respeta las diferencias. El federalismo no es tan solo una forma de organizar el gobierno territorial, sino que constituye un sistema social entero que se extiende a todos los ámbitos de la cultura, la economía y la sociedad. Se basa en el principio de subsidiariedad, cuya eficacia consiste en descargar la solución de los problemas, en función de su naturaleza, en el nivel más cercano al ciudadano de entre los posibles.
El federalismo conjuga el autogobierno y el cogobierno y, por ello, es la mejor manera de organizar el espacio público en un mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas. Federar es compartir, no competir. Frente al ejercicio del poder heredado de las épocas en que gobernaban los reyes poseedores de la soberanía absoluta, asumido luego por los estados-nación con formas jerárquicas, el federalismo permite el ejercicio de gobierno compartido a todos los niveles y abre paso a la lógica de soberanías compartidas para la solución de problemas que superan el estrecho marco de las naciones. La federación permite la co-gobernanza con la máxima calidad democrática.
La construcción de espacios federales no afecta solo a la esfera política, sino que constituye la fórmula organizativa para la mejor defensa de los derechos sociales, individuales y colectivos. En realidad, el ejercicio de las competencias como educación, sanidad, servicios sociales, y financiación, ejes del estado de bienestar tienen una mejor eficiencia en los estados federales, por la capacidad de adaptarse a la diversidad de sus circunstancias y de sus territorios.
Sanidad: coogobernanza o desigualdad
Centrándonos en la sanidad, muchos son los aspectos concretos en que la falta de gobierno compartido ha generado desigualdades y disfunciones irracionales entre la ciudadanía española. En el nivel más conocido podemos citar las diferencias en la vacunación de infancia y adultos según autonomía, pero hay otros muchos aspectos igualmente sorprendentes, por ejemplo, la detección de las malformaciones congénitas con la prueba del talón a los recién nacidos incluye 44 pruebas en Murcia y tan sólo 8 en Asturias y Cantabria. También la atención a las personas dependientes, la calidad de las residencias de personas mayores o la atención a las mujeres maltratadas y a las personas inmigrantes difieren según las autonomías.
La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto lo poco engrasados que estaban los métodos de cogobernanza y como, al principio, existió una competencia desleal para la obtención de mascarillas por los gobiernos autonómicos, en detrimento de la autonomía vecina. Lo mismo ocurrió entre países europeos, hasta que la aparición de la posibilidad de vacunación cambió las estrategias, y se puso en marchas la compra única, la reserva de vacunas y las repetidas reuniones de los representantes de sanidad de los estados europeos.
En España, se iniciaron las reuniones periódicas del consejo interterritorial de sanidad. En ellas, los consejeros autonómicos de sanidad compartieron decisiones, afilaron las plumas para contabilizar cifras de ingresos, muertes, y altas hospitalarias, e informaron semanalmente a la ciudadanía. Se inició un gobierno compartido sectorial bajo el estímulo del ministro de Sanidad, con alma federalista y acciones de buen gobierno federal. Durante un tiempo, se pudo superar la actuación por intereses partidistas y se ejerció gobierno con mirada puesta en el interés común.
En Europa, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, impulsó en el discurso del 16 de Septiembre del 2020 sobre el Estado de la Unión, la voluntad de establecer una Unión Sanitaria Europea y la utilización de un fondo de recuperación común para ayudar a los estados con mayores dificultades sanitarias. La unión en la diversidad, lema de la Unión Europea, se concretó también durante la pandemia en una unión federal frente a la adversidad.
La federalización pendiente del Estado de las Autonomías
El Estado de las Autonomías necesita todavía muchos esfuerzos y concreciones para avanzar en la cogobernanza institucionalizada. Se trata de un cambio que requiere la suficiente iniciativa política para dar pasos que fomenten un cambio de cultura en la ciudadanía y en la sociedad.
En primer lugar, se ha de organizar un gobierno compartido multinivel, que exige actuar con lealtad y priorice la solidaridad. En segundo lugar, se requiere una definición clara de las competencias en cada nivel con objeto de facilitar el autogobierno, evitar duplicidades y promover la distribución de competencias en red. Y en tercer lugar, se precisa la aceptación del principio de gobierno compartido para aquellas cuestiones que afectan al conjunto, a través de instituciones donde las entidades federadas pueden participar decisivamente en todo aquello que les afecta.
Esa coordinación no jerarquizada de la gobernanza permitiría acabar con la soberanía jerárquica de un estado sobre los demás.
Al Estado de las Autonomías le falta también cumplir con las características principales de una federación: la constitución de una verdadero Senado que represente las necesidades y diversidades de lenguas y territorios y permita resolver sus conflictos. Además, las conferencias sectoriales y las conferencias de presidentes deberían permitir priorizar las políticas públicas, establecer los niveles de financiación y establecer las bases de la solidaridad interterritorial y la prevención de ayuda frente a catástrofes naturales.
Cuando no existe cultura federal y el gobierno autonómico se utiliza no como gobierno compartido, sino para competir con las otras autonomías para conseguir mayores prebendas propias, o directamente para luchar políticamente contra el gobierno del Estado, se cambia el principio de defensa de los derechos de la ciudadanía. La competencia ahoga la cooperación.
Los valores y actitudes que habían defendido los primeros socialistas y los movimientos obreros de emancipación entroncan, en sus raíces culturales, con el federalismo. Constituyen un dique sólido frente a las actitudes excluyentes de la diferencia, basada sólo en cálculos económicos, competitivas, generadoras de odio y desconfianza.
La constitución de los ayuntamientos democráticos en el Estado Español pudo haber hecho realidad el deseo Pi i Margall, que abogaba porque la primera cooperación fuera a nivel municipal. Algunos elementos de esa cooperación, fórmulas de coordinación y gobernabilidad desde los ámbitos locales, se pusieron en marcha. La constitución de consorcios, consejos locales de urbanismo o de salud, con la participación de asociaciones ciudadanas y con el ejercicio de consultas locales a la ciudadanía para la toma de decisiones, han permitido iniciar prácticas de gobierno compartido a nivel local.
El federalismo crea las condiciones materiales, organizativas e institucionales, para ejercer la solidaridad y la fraternidad de forma organizada, con una financiación federal justa; está abierto al respeto mutuo y acepta las lenguas y las identidades diversas, porque considera la uniformidad como un retroceso y la diversidad como una riqueza humana.