Después del 8-M, ¿hacia dónde va el movimiento feminista?
Laura Aznar y Laia Soldevila
(Reproducimos el artículo publicado en el diario Crític por su interés para este debate)
Se cumplen dos meses del 8 de marzo, una huelga feminista histórica que situó las reivindicaciones de las mujeres en el foco mediático. Miles de personas de edades, procedencias y trayectorias diversas ocuparon las calles aquel día. Lo volvieron a hacer semanas después, el 26 de abril, cuando se hizo pública la sentencia del caso de ‘la Manada’. El movimiento feminista está en plena ebullición y ahora tiene el reto de conseguir que la visibilidad que han logrado sus reivindicaciones no sea flor de un solo día. Crític analiza los retos principales hablando con Marta Mariñas, de la Comisión 8 de Marzo; Montse Benito, de Ca la Dona; Laura Pelay, vicesecretaria general y portavoz de UGT; Alba Garcia, secretaria de mujeres, diversidades y políticas LGTBI de CCOO; Núria Segura, del colectivo “Les periodistes parem”, y Antoinette Torres, directora de la entidad Afroféminas.
Por qué el 8-M de 2018 ha sido un punto de inflexión
El 8 de marzo de 2018 marcó un antes y un después en la historia del feminismo reciente. A pesar de que existen precedentes en el ámbito internacional, en Catalunya nunca antes un paro general de mujeres había sido secundado de forma tan masiva. Incluso la convocatoria del día anterior en Barcelona, la manifestación nocturna convocada tradicionalmente por espacios feministas autónomos, contó con mucha más participación que la prevista por las organizadoras. Tampoco se había planteado antes una huelga de trabajo, educativa, de cuidados y de consumo, es decir, que abarcara todos los campos en los que las mujeres sufren discriminaciones.
Tanto la organización como el formato de la jornada fueron rompedores y se gestaron desde los diferentes colectivos feministas. Marta Mariñas, activista feminista y miembro de la Comisión 8 de Marzo, explica que “una de las innovaciones de esta huelga es que no se generó en las mesas de negociación de ningún despacho. Fue una huelga popular, social y de calle, una huelga feminista radical”. Según esta activista, el 8-M permanecerá en el imaginario colectivo como “una jornada histórica” en la cual el movimiento feminista “se plantó”. “Dimos un golpe sobre la mesa pero desde una posición muy apoderada y alegre, diciendo que ya hemos salido, que estamos juntas y que no nos pararán”.
Aun así, la organización de la jornada no surgió como una seta. Años de lucha precedieron la huelga y las movilizaciones posteriores. Seguramente, la experiencia previa más reciente ha sido la Vaga de Totes, una iniciativa surgida en 2014 desde diferentes espacios feministas y que se organizó de manera descentralizada, con acciones en varios barrios y pueblos. Pero el movimiento feminista organizado en Catalunya tiene un recorrido de más de 40 años. Sin esta base previa no se explica el éxito de este 8 de marzo.
Montse Benito, miembro de Ca la Dona y activista con una larga trayectoria de lucha feminista a sus espaldas, explica que “en torno al 8-M siempre hubo comisiones que hicieron llamamientos a la manifestación, intentando incorporar las temáticas de cada momento: la sexualidad, las violencias, las discriminaciones en el ámbito laboral… y esto genera una memoria colectiva”.
Desde los sindicatos mayoritarios, el Día de la Mujer de este año también ha supuesto un punto de inflexión. Para Laura Pelay, vicesecretaria general y portavoz de UGT de Catalunya, la jornada sirvió para situar las políticas de igualdad “en el corazón de la agenda social, política y mediática”. En línea similar, la secretaria de mujeres, diversidad y políticas LGTBI de CCOO, Alba Garcia, remarca que muchas organizaciones contribuyeron “mucho más que otros años” a que las movilizaciones fueran multitudinarias, lo cual indica que “ya no nadamos contra la corriente; ahora situamos todos los objetivos de políticas de mujeres en el centro”.
El contexto en el que se produjo la huelga este año también es un elemento a tener en cuenta. Marta Mariñas explica que “la crisis social, económica y la precariedad que se deriva afectan con especial virulencia a las mujeres, lesbianas y ‘trans’, las migradas o las de clase baja”, y esto, a su juicio, ha supuesto “un impulso para salir a las calles”. Aún así, Mariñas considera que el éxito del 8-M pasado se explica por una conjunción de factores, entre los cuales destacan la existencia de una juventud “que ha crecido con la cultura de la organización y la movilización en las calles”, y el hecho que, después de años de lucha feminista, “tenemos más herramientas para identificar las violencias cotidianas y más rabia cuando vemos que las estructuras sociales, políticas o judiciales que deberían pararlas no han cambiado”.
¿Qué lecciones podemos extraer de la huelga feminista?
El movimiento feminista demostró su fuerza el 8-M y, de nuevo, pocas semanas después, a principios de mayo, con la sentencia de ‘la Manada’. Estos dos ejemplos son una evidencia de su renovada capacidad de convocatoria y del poder de movilización que están tomando las consignas feministas.
Aprovechando este momento central del feminismo, ¿qué lecciones se pueden aprender de las últimas movilizaciones para futuras ocasiones? Uno de los retos alcanzados el 8-M, y que las diferentes organizaciones valoraron, fue la transversalidad. El manifiesto de la huelga ya fue un ejemplo de ello. Montse Benito explica que se plantearon “contenidos muy amplios que interpelaban a gente organizada y a mujeres a título individual, que en su cotidianidad han vivido en primera persona las discriminaciones de las cuales hablábamos”. Además, esta voluntad aglutinadora también se hizo patente a escala intergeneracional. Benito considera que en el 8-M confluyeron “mujeres de diferentes generaciones, de procedencias diversas o de un mismo ámbito familiar que encontraron intereses comunes”.
Precisamente la multiplicidad de reivindicaciones fue uno de los elementos clave para la aparición de nuevos actores. En el primer caso, pocos días antes del 8-M, casi 3.000 periodistas de todo el Estado español se encontraron en un grupo de Telegram dispuestas a organizarse para ir a la huelga bajo el lema “Las periodistas paramos”. Núria Segura, una de las portavoces de este movimiento, explica que “el hecho de que se organizara la huelga mundial de mujeres hizo que las de nuestro sector también dijéramos: aquí también sufrimos discriminaciones”. Sólo en Barcelona, este espacio agrupa a más de 400 periodistas. El mismo día 8 por la mañana, el grupo de Barcelona organizó un acto en los jardines Montserrat Roig con más de 300 asistentes y, en Twitter, serían las impulsoras del ‘hashtag’ #prouperiodismesexista.
¿Qué ocurrirá en este movimiento durante los próximos meses? “De momento nos hemos reunido una vez después de la huelga en Barcelona y ya tenemos algunos proyectos en la cabeza: queremos intentar hacer ‘lobby’ de las reivindicaciones, monitorizar el tratamiento de la violencia machista y preparar herramientas de formación para los medios y para las universidades”, explica Segura. A escala estatal, las periodistas se encontrarán en Madrid el 2 de junio con la voluntad de dar forma a este nuevo espacio.
Pero también ha habido colectivos que decidieron no tomar parte en las movilizaciones del 8 de marzo porque no se sentían representadas. Este es el caso del colectivo de mujeres negras Afroféminas. La fundadora y directora de la entidad, AntoinetteTorres, critica que el “discurso feminista hegemónico” en el Estado español “no reconoce la diversidad”. Según su criterio, “falta mucha educación todavía en cuanto a la intersección entre el feminismo y la racialidad” y en como esta condición afecta a las mujeres negras, “que se encuentran doblemente oprimidas”. “Yo respeto a todas las personas que fueron a la huelga, tienen derecho, pero yo también tengo el derecho de no ir y de luchar por otras vías”, afirma Torres. Sobre este posicionamiento, la activista Marta Mariñas considera que, si bien el feminismo “tiene como objetivo luchar señalando las desigualdades”, y que en los últimos años “se han dado muchas confluencias”, admite también que queda camino para recorrer: “Hace falta que el feminismo blanco y occidental deconstruya las desigualdades y las exclusiones allí donde se reproducen”.
Cómo que la huelga no se circunscribió sólo al ámbito laboral, la capacidad de movilización no recayó sólo en los sindicatos, sino que muchas organizaciones trabajaron de forma autoorganizada y descentralizada. Laura Pelay, de UGT, destaca el “respeto” de las diferentes organizaciones de la comisión a la hora de definir su actuación durante la jornada: “Cada cual puso su granito de arena, desde su óptica, entendiendo lo que podía y quería hacer”. En este sentido, los sindicatos mayoritarios convocaron una huelga de dos horas en los centros de trabajo y después hicieron un llamamiento a la manifestación de la tarde. Esta opción, sin embargo, fue criticada por una parte del movimiento feminista, que consideró que limitar la huelga a dos horas “podía obstaculizar la decisión de las trabajadoras de hacer o no hacer huelga”, como explica Marta Mariñas. De hecho, la activista critica a los sindicatos mayoritarios que “intentaran tomar el protagonismo de una huelga autoorganizada por el movimiento feminista”.
¿Cómo serán las movilizaciones feministas de los próximos tiempos?
Mantener vivas las fuerzas acumuladas el 8-M, dar cuerpo a los nuevos agentes y trabajar por la diversidad son tres de los retos clave que el movimiento feminista tendrá que abordar en los próximos meses. ¿Pero con qué horizonte? ¿Hay que apostar por movilizaciones concretas o buscar la agitación permanente?
Por otro lado, Montse Benito opina que el movimiento feminista tiene que ser capaz de combinar acciones estructuradas con acciones espontáneas “como las que se impulsaron después de la sentencia de ‘la Manada’ y que tuvieron una respuesta masiva”. Aun así, apuesta por la prudencia: “Esto está sustentado por el activismo y yo soy partidaria de ser realista a la hora de plantear determinadas dinámicas. Estamos en alerta feminista, pero quizás las alertas se tienen que dosificar y tenemos que ser más reflexivas sobre el lugar en el que ponemos las fuerzas”, comenta Benito.
Y entre una perspectiva y otra se sitúa Alba Garcia, de CCOO, que considera que el empoderamiento colectivo que se visibilizó el Día de la Mujer hay que saberlo gestionar y mantener en estado latente. “No tenemos que guardar la ropa lila hasta el próximo 25 de noviembre, sino que la agenda feminista tiene que estar muy activa durante todo el año”, comenta.
¿Qué traducción política y social puede tener el 8-M?
Más allá de la organización de movilizaciones específicas, el movimiento feminista se plantea conseguir cambios reales en los ámbitos en los cuales batalla. Socialmente, Marta Mariñas explica que “la situación se está tensando mucho porque hay un cambio de mentalidad y menos tolerancia, y esto choca radicalmente con unas estructuras obsoletas”. La activista destaca la responsabilidad de la clase política: “No se trata de ponerse un lacito lila, sino de transformar los organismos de arriba a abajo: organizar el tiempo en función de los cuidados, reorganizar los horarios laborales, cambiar el sistema socioeconómico, romper radicalmente con las desigualdades de clase, de género y de etnia…”.
¿Pero tiene incidencia el movimiento? Después de las manifestaciones masivas en contra de la sentencia del juicio de ‘la Manada’, el Gobierno español decidió impulsar una comisión para revisar los delitos sexuales del Código penal, inicialmente formada por 20 hombres… y ninguna mujer. Después de que se hiciera pública esta información, el Ministerio modificó el planteamiento y finalmente la comisión sí que contará con la participación de mujeres juristas y catedráticas.
En el ámbito del trabajo, también empieza a haber cambios. Laura Pelay, de UGT, explica que “antes, las cuestiones de género eran los temas que se negociaban a última hora, pero ahora las políticas de igualdad se encuentran en el corazón de las negociaciones”. Con esta perspectiva también coincide Alba Garcia, de CCOO, que añade que actualmente “a nadie le sale a cuenta ir en contra de estas proclamas”. De hecho, los cambios que comentan las representantes sindicales se han empezado a notar dentro de las propias estructuras de estas organizaciones. Garcia considera que dentro del sindicato cada vez hay más gente que tiene claro que la defensa de los “planes de igualdad” se tiene que poner en el centro, y Pelay explica que, después de años de defender políticas de género de forma transversal, ahora hay que “situar el foco aquí para que no se nos diluya”.
Dentro del mismo movimiento feminista, el reto es continuar aportando discurso y dotando de contenido a las movilizaciones. Lo explica Montse Benito, de Ca la Dona: “Existen bases organizativas que han ido funcionando a lo largo del tiempo. Por ejemplo, con el caso de ‘la Manada’, todo el mundo hablaba de que se tenía que reformar el Código penal, y nosotros ya teníamos un discurso estructurado sobre esto”. Desde su punto de vista, al movimiento también le toca apoyar a los nuevos agentes que se han articulado alrededor del 8-M “para que se consoliden”, así como organizar “encuentros asamblearios para hacer trabajo conjunto”. A estos deberes, hay que sumar las reivindicaciones de las mujeres radicalizadas. Para Antoinette Torres, directora de Afroféminas, el reto también es incorporar la interseccionalitat de manera transversal al discurso feminista, y, en esto, este colectivo propone hacer “activismo pedagógico”: “Debatir; en los debates es cuando surge el conocimiento y cuando se entienden las cosas”, dice.