PARA LAS MUNICIPALES: ¿Podemos aplicar inteligencias colectivas, mediaciones y convivencia?

Loli Hernández
Profesora Trabajo Social U. La Laguna, Tenerife
Tomás R. Villasante
Sociólogo, Profesor UCM, activista social Sierra de Madrid
Cuando los liderazgos de los partidos no se ponen de acuerdo, y cuando las bases sí quieren que se pongan, ¿qué se puede hacer? ¿Se puede recordar que las izquierdas han propuesto que se recurra a mediaciones, a la voluntad de la base, a la inteligencia colectiva, a escuchas generativas, etc.? ¿Por qué hoy tenemos que seguir con la vergüenza pegada al paladar por el espectáculo tan nefasto que han dado esas luchas y divisiones por cuestiones de liderazgos ante unas elecciones generales tan cruciales?
Salga lo que salga en estas elecciones no deberíamos seguir diciendo que escuchamos a las bases sociales y al tiempo solo dejando que opinen votando en unas “primarias” (que se han convertido en una pelea adicional de dirigentes) o en unas votaciones donde predomine el voto útil (tapándose muchas veces la nariz) o la abstención por desencanto. Si no son capaces ni operativos para las listas (alguien lo había planteado hace meses) y se deja para última hora y con escándalo público, ¿cómo confiar en que puedan resolver en algún gobierno otros problemas prácticos?
Hay dos ejemplos claros de hace bastantes años cuando Elkarri en el País Vasco usó los NIP (grupos de base ciudadanos) en el conflicto de la autovía de Pamplona a Donostia, y funcionó (a pesar de que en el conflicto estaba ETA y las Diputaciones de entonces), y también en el conflicto catalán se propusieron mediadores, y sobre todo Jordi Évole demostró en su programa con mujeres de base andaluzas y catalanas que se podía activar la empatía y avanzar soluciones.
Se llama a los Paneles Deliberativos por sorteo en muchas partes de USA y de Europa ante conflictos serios (ambientales, aborto, etc.) que los partidos no se atrevían a resolver. Algunos de nosotros en Canarias con sectores de Podemos, IU, Si Se Puede y Equo, conseguimos hacer un Manifiesto unitario, sobre todo con la participación de militantes de base de movimientos sociales. Aunque también es verdad que cuando se lo pasamos a las direcciones de Sumar, Podemos, etc. y como se acercaban las elecciones no fue posible continuar la convergencia.
Sin embargo ahora, algo ha podido quedar para estas elecciones generales, en que sí se ha logrado una candidatura unitaria. En Andalucía los mediadores avanzaron mucho en confluencias pero no pudieron conseguir, por las presiones de los aparatos centrales de los partidos, las convergencias necesarias. Pero entonces, ¿por qué se sigue diciendo que se quiere la participación de la gente, la inteligencia colectiva, la construcción desde abajo, cuando solo se quiere que se voten a los líderes y puestos en las listas, con plebiscitos electorales más o menos de corte populista tradicional? ¿Esto es todo en la nueva política que prometen?
Como no queremos perder la esperanza, ahora es cuestión de centrarse en las municipales que se presentan como una posibilidad para construir unos primeros pasos desde abajo. Si en cada barrio, pueblo o municipio mediano o grande, se juntan quienes ya se conocen para hacer un llamamiento de convergencia y convivencia de forma lo más abierta posible, ya se puede ir avanzando, como lo de hacer el “puerta a puerta” que tanto se reclama ahora.
Mejor si no se hace de forma partidista y se abre un camino no solo electoral, sino centrado en la coordinación de los problemas concretos locales. Mejor si se habla de los problemas inmediatos y no solo de que viene “el lobo”. Mejor si se recuerda que en 2015 con el municipalismo se ganaron muchos municipios, como la mejor herencia de las movilizaciones del 15M y de las “mareas” unitarias (que ahora se repiten con las acampadas, las mareas de educación, salud, vivienda, etc. Mejor si se anteponen los problemas sentidos por la gente a las luchas internas por los puestos electorales. Mejor si hay sistemas de participación que ya existen de escucha “generativa” a los movimientos sociales y sectores populares, con la mediación para alcanzar acuerdos operativos y reparto de las tareas.
Las herramientas y formas concretas para llegar a consensos y convivir con acuerdos pragmáticos se pueden poner en marcha. En los movimientos sociales más vivos y en algunas empresas se hacen diversas prácticas para superar los dilemas paralizantes y las luchas de micro-poderes. Así se viene experimentando con la mediación como forma de inteligencia colectiva. Por ejemplo, para salir de los dilemas que nos dominan no es necesario llegar a consensos totales, pues se pueden ver formas de los “consentimientos parciales con los que se puede convivir”.
No todo es blanco o negro sino que hay otros colores intermedios y algunos superadores. Entre dos posiciones o entre liderazgos se puede terciar para que se construya otra posición que permita salir del atasco. Una técnica posible para esto son las “votaciones ponderadas” ya que se votan propuestas hechas por grupos mixtos de base y se pueden sumar aspectos de unos y otros sectores (más por las propuestas en sí, que por quienes las han planteado, pues son grupos formados al azar entre los asistentes). Hemos hecho este tipo de prácticas con las bases de todos los partidos de izquierdas, también en muchos movimientos sociales, y la gente sale con acuerdos y ganas de ponerse a hacer,... salvo que se interponga alguna dirección muy partidista, que le gustaría que respalden su “línea correcta”.
Sobre la base de que en los Municipios se pueda construir de abajo a arriba, ya hay una oportunidad de que la escalera suba las decisiones también hacia las Comunidades. La cuestión no es tan solo parar a los 2 partidos herederos de Fraga/Franco como amenaza, sino ir poniendo las bases para un ciclo nuevo de inteligencia colectiva y construcción popular.
La resistencia ante los ataques contra las democracias, en que usan medios poderosos y procesos judiciales, se pueden desbordar con más democracias participativas, con algunos resultados concretos locales, con mareas populares, con organización desde abajo, etc. y no repetir los errores que se cometieron tras la movilización del 15M desmontando la participación y confiando todo a los liderazgos. No es solo una cuestión electoral de 2027, es prepararnos para una década con la participación popular como salvavidas, escuchando la participación popular de verdad y con resultados creíbles.