Goya y el derecho a la educación

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Decía Picasso, a quien, en general, no me gusta citar, pero esta vez sí, que “el arte es una mentira que nos acerca a la verdad”. Señala, al igual que muchos otros teóricos y teóricas, que el arte, haciendo uso de la metáfora, el mito y el símbolo, pone de frente verdades incómodas.
El arte, un modo de mostrar y acercarnos a la realidad desde el símbolo, nos acompaña en nuestras reflexiones, vindicaciones y denuncias. Desde el propio Goya, al que haremos alusión en este artículo, con su serie Desastres de la guerra o el fusilamiento del tres de mayo, tras la invasión napoleónica hasta el Guernica, del citado Picasso.
El arte, pues, en su polisemia, evocación, reverberación y resonancia, nos invita a comprender, a través de símiles y tropos, parte de lo que la realidad -o su representación a través del relato- intenta imponernos como única interpretación. Uno de sus modos es el préstamo o apropiacionismo, es decir, la utilización de una obra conocida y reactualizarla provocando esa resonancia que, quizá, nos conmueva.
Tenemos múltiples precedentes, algunos más cercanos a la sátira, también un arte, y otros, a la tragedia. Desde la utilización de la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, utilizada por los gilet jaunes, los chalecos amarillos franceses, al guiño del propio Picasso en Masacre de Corea, en alusión al ya mencionado fusilamientos del tres de mayo, la sustitución de Dios y su hijo en la Creación de Miguel Ángel, por distintos políticos o personajes conocidos, o el juego apropiacionista del equipo Crónica en “Este no se me escapará” en el que la policía franquista arrestaba -como ha sucedido estos días pasados- a una figura de Dubuffet mientras un Bacon yacía en el suelo, o “La visita”, en el que varios personajes del Guernica caían del cuadro, inanes, frente a una visita del poder.
En Madrid ese tropo retórico del préstamo lo ha venido utilizando ya el equipo de comunicación de la presidenta de la Comunidad, apelando a la imagen de la virgen de los Dolores, o la Mater Dolorosa, una advocación católica que representa el sufrimiento de la Virgen María durante la Pasión y muerte de su hijo Jesús. La imagen salió en el periódico el Mundo el 10 de mayo de 2020, en plena pandemia del COVID, en la que, con brazos cruzados sobre el pecho, invitaba a vincular el dolor de una divinidad católica con el dolor de la presidenta.
Saturno, o Cronos, devoraba a sus propios hijos recién nacidos por temor a que uno de ellos lo derrocara y le quitara el poder, tal como una profecía de sus padres (Urano y Gea) le había advertido. Ambos predijeron a Cronos que sería vencido y destronado por uno de sus descendientes. La obra de Goya, que se puede observar en nuestro Museo del Prado, con más de doscientos años, muestra, fiel al mito, a un Saturno devorando a sus hijos, y en su momento, según señala la interpretación de la fundación de Goya en Aragón, simbolizaba el paso destructivo del tiempo, la vejez, la locura o una sátira política del contexto histórico de España en esa época, como sabemos, las consecuencias de la triste guerra de la independencia en España.
Hace unos días, la policía nacional cargó de modo desmedido dentro del espacio universitario contra un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, fracturando un brazo a una estudiante que, junto con otros, portaba una pancarta con la imagen de Goya, Saturno devorando a sus hijos, metaforizando a la presidenta de la Comunidad de Madrid con la acción de Cronos.
Nuestra presidenta es responsable en última instancia de los recortes económicos que afectan directamente a sus ciudadanos más jóvenes desde su etapa infantil a la universitaria, aumentando ratios, desprogiendo a su profesorado, imposibilitando en la práctica la atención a la diversidad y permitiendo unas condiciones climáticas inhabitables para la infancia, la adolescencia y la juventud madrileña. La pancarta fue arrebatada de modo violento y está ahora en posesión de los cuerpos de seguridad del Estado. Podría estar firmada por Picasso, por el equipo Crónica o por Sherry Levine o Cindy Sherman.
Cuando nació el menor de los hijos de Cronos -Júpiter-, Rea, su madre, engañó a su esposo dándole una piedra envuelta en pañales, que devoró sin notar la trampa. ¿Cuál fue el final de Cronos? Júpiter creció en secreto, obligó a su padre a vomitar a sus hermanos devorados y lideró una rebelión que derrotó, finalmente, a Cronos.