La fuerza del movimiento y las movilizaciones

Pepe Mejía
Desahucio, movilización, acampada, Congreso que no aprueba leyes que paralicen los desahucios y Gobierno que convoca elecciones.
Esta ha sido en síntesis la secuencia que hemos vivido estos días.
María del Carmen Abascal, de 87 años, con discapacidad del 50 por ciento, fue desalojada de su casa en la que vivía desde 1956. Después de cuatro intentos fallidos, el pasado 23 de septiembre fue ejecutado el desalojo. La imagen de Mari Carmen, saliendo en camilla hacia la ambulancia, fue el aldabonazo que impulsó a miles de personas a lanzarse a las calles, participar en las movilizaciones, expresar su solidaridad con Mari Carmen, señalar a los empresarios y empresas que especulan con la vivienda y exigir a los poderes públicos solución a los desahucios.
Desde el primer momento –pero ya desde hace mucho años- el movimiento de la vivienda y en contra de los desahucios organizó las protestas, señalaron a los responsables, explicaron con detalle el negocio que hay detrás de los desalojos y como convierten un bien básico como es la vivienda en un negocio lucrativo.
Un punto de inflexión fue la acampada frente al número 7 de la Puerta del Sol, sede del despacho oficial de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que hasta el momento no aclara quién compró el ático de lujo frente a la casa de su madre.
A esta acampada acudieron personas de todas las edades, activistas y no activistas de diversos movimientos sociales, sindicales, ecologistas, antirracistas, feministas, estudiantes, vecinales y un largo etcétera.
En este espacio de participación e inclusión horizontal se han socializado los conocimientos, las quejas, las demandas, las propuestas y las denuncias. A la denuncia inicial contra los desahucios se han añadido otras reivindicaciones que llegan a cuestionar el sistema mismo. Ya no es sólo salir a la calle a protestar contra los Gobiernos –en el caso de Madrid al central, autonómico y municipal- sino a impugnar un sistema que no da soluciones al desahucio de una persona con 87 años y con 50 por ciento de discapacidad. Si el sistema no nos resuelve los problemas básicos es que el sistema no nos sirve.
Preparando la Huelga General
La acampada ha sido un microespacio de convivencia, práctica solidaria y conocimiento mutuo. En el horizonte el mundo al que aspiramos.
La repercusión de la acampada empezó a desbordar fronteras. Las mediáticas, las territoriales (empezaron a multiplicarse acampadas por todo el territorio del estado), las sociales y fundamentalmente las políticas.
Los políticos profesionales y sus partidos fueron interpelados. No se entendía que el Congreso no pudiera legislar en favor de las personas desfavorecidas y víctimas de los desahucios. Los intereses de las inmobiliarias y la industria del ladrillo -que se lucran con la vivienda desde los primeros tiempos de esta democracia- se impusieron en la Cámara de la voluntad popular.
La acampada como instrumento de movilización y los movimientos sociales articulando la organización, han seguido presionando a todos los niveles y en todas las esferas. Ya no es sólo el tema del desahucio sino de defender lo público frente a lo privado. Garantizar nuestros derechos básicos -en el que nunca tendría que haber entrado el capital especulador- y espantar a los fondos buitres de la sanidad, la enseñanza y la vivienda.
Mientras el Gobierno “progresista” convoca a elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, por cierto, día internacional de solidaridad con el pueblo palestino, los movimientos sociales y sindicatos preparan la realización de una huelga general.
Mientras tanto, se mantiene la acampada, se redoblan las movilizaciones y se desarrolla la organización popular desde los movimientos. Hemos movido el tablero. Hemos impugnado al sistema que no resuelve nuestros problemas y es por eso que la lucha es de largo aliento.
Aprendamos de las elefantas y los elefantes. Formar parte de la manada es la mejor defensa ante los depredadores.
Y siguiendo el ejemplo de los elefantes. Ellos nunca olvidan. Sus patas son capaces de sostener cuerpos de más de cinco toneladas pero a la vez tener una sensible almohadilla en sus pies que captan las conversaciones de sus pares a 15 kilómetros. Pueden estar separados kilómetros y seguir actuando como una misma familia. Tengamos presente estos conocimientos.
Sigamos organizándonos y movilizándonos para articular un proyecto de vida y ecosocialista.