Ecología del dinero
Alberto Fraguas Herrero
-Actualizado a
"Las generaciones futuras no participan en el mercado actual; por lo tanto, el sistema de precios monetarios ignora por completo los derechos de quienes aún no han nacido". (Nicholas Georgescu-Roegen).
Ø La desconexión entre Economía y Biosfera
Durante los últimos siglos, las ciencias clásicas han considerado al dinero como un mero lubricante de la actividad comercial, un instrumento que facilitaba y cuantificaba el intercambio de bienes y servicios, operando como criterio de valor de manera sesgada pues implica una formulación intrínsecamente abstraída de la realidad biofísica planetaria no siendo consciente de que se ha interpuesto un “velo monetario que nubla la vista” que dice Jorge Riechman, en una forma de mirar la realidad a través del dinero, confundiendo variables monetarias con la realidad misma. Un mundo al revés "donde los bosques solo tiene valor una vez de que son talados".
La crisis ambiental global caracterizada por el cambio climático, la pérdida masiva de biodiversidad y la alteración de ciclos biogeoquímicos, se cataloga sistémicamente como “fallos de mercado” o deficiencias tecnológicas, sin darse cuenta de la profunda fractura que separa al dinero de las leyes biofísicas que rigen la naturaleza. De hecho el dinero actúa como determinante de los bienes naturales (devenidos en recursos) explotables determinando autorreferencialmente hasta qué punto llega esta explotación con pretendida capacidad de expansión exponencial aunque bien es sabido que los ecosistemas funcionan bajo ciclos metabólicos de materiales y energía sujetos a una degradación entrópica que es ignorada por el pensamiento económico neoclásico que rige en la actualidad.
En definitiva, el sistema financiero actual, siendo un subsistema dentro de la biosfera, actúa con reglas que van contra la misma. Y el dinero es la herramienta fundamental en este proceso. Mientras que la naturaleza opera básicamente en ciclos cerrados y límites finitos, el dinero está estructurado bajo una lógica de crecimiento un tanto abstracto e ilimitado. Un sistema ecológico definido por biomasa, termodinámica, autoregeneración, corresponde un sistema financiero basado en deuda sin límites físicos. A lo circular, cerrado donde un residuo, un resto, es nutriente o recurso de otro organismo; se corresponde el extraer, monetizar y desechar (no hay producción sino extracción con beneficio dice Jose Manuel Naredo).
A unos ritmos biológicos, madurativos, estacionales; el sistema financiero y el dinero plantea el interés compuesto y la aceleración de retornos financieros. En suma, a la capacidad de sostener la vida como principio se opone mercantilizarla y monetizarla por oferta y demanda.
Pero para comprender la naturaleza ecológica del dinero es preciso hacer una lectura del mismo desde las leyes de la termodinámica siguiendo a Nicholas Georgescu-Roegen. Así nos daremos cuenta de las diferencias entre dinero bancario o fiduciario y la riqueza real y cómo cuando la masa monetaria y las demandas de deuda superan la capacidad biofísica de la Tierra para suministrar energía de baja entropía (petróleo, biomasa, minerales), el sistema financiero reacciona mediante procesos inflacionarios, burbujas especulativas que implican sobreexplotación extractiva, tratando los recursos naturales como meros insumos sustituibles por capital financiero y trabajo.
Ademas , como es bien sabido la creación de moneda no se realiza mediante la impresión pública de billetes por parte de los Estados, sino a través de emisión de deuda privada por parte de los bancos comerciales otorgando préstamos creando dinero de la nada. Así se propician brechas en la liquidez en una "bola de nieve" perpetua y perversa pues se crea el capital el nominal de la deuda pero no los intereses para liquidarla para lo cual la masa monetaria general debe expandirse continuamente con más y más préstamos obligando a un crecimiento permanente pues si se frena el sistema entra en una cascada de impagos y colapsa.
La deuda actúa así como un mecanismo de embargo sobre los flujos metabólicos futuros del Planeta que son elementos funcionales vitales sostenedores de las estructuras vivas, que además aportan “servicios” ecosistémicos a las sociedades humanas.
El dinero por tanto se presenta como un medio neutro de intercambio y reserva de valor, sin embargo en la práctica actúa como vector de aceleración metabólica que entra en conflicto directo con los límites biofísicos de la Tierra. Una crítica ecológica del dinero exigiría desmantelar ese relato del permanente crecimiento en que está instalada nuestra sociedad y así trascender la visión del dinero como simple medio supuestamente neutral para conformarse más en lo que es, una “tecnología” de asignación de poder que condiciona y determina la cohesión social y el equilibrio ambiental.
Ø Los riesgos de la Monetización Digital
En ocasiones hemos visto como desde determinadas visiones tecno ilusorias se pretende insistir en las supuestas bondades de la digitalización del dinero con la pretendida excusa de su supuesta desmaterialización impulsando las denominadas Finanzas Descentralizadas (DeFi) en un giro retórico para llevar a considerar que existiría un capitalismo “malo, no digitalizado” y otro "bueno que sí lo está" y … además descentralizador de poder. Esta falacia se desmonta muy fácilmente si tenemos en cuenta las enormes dependencias de las tecnologías específicas que requieren por definición y que para la implementación del proceso DeFi se precisan procesos muy alejados de esos paradigmas descentralizados que tanto apelan.
Pero, además, es falso este proceso de desmaterialización. Lo cierto es que empieza a ser muy conocido las enormes demandas de energía que este capitalismo digital está teniendo y la que tendrá considerando la relación directa multiplicativa entre esta DeFi y la IA pues ambas generan una evidente retroalimentación tecnológica, una sinergia operativa que incrementa el consumo energético de sus matrices nutrientes como son los Centros de Datos y no solo en esta materia pues más allá del alto consumo energético, existen otros graves impactos ambientales que la digitalización monetaria y las DeFi incrementarían y que deben ser destacados.
+ Consumo hídrico
El sistema impuesto por las interrelaciones IA/DeFi/Centros de Datos implica un enorme consumo de agua lo que tensiona la planificación hídrica, especialmente en áreas con estrés hídrico.
Las tendencias actuales son las de optimizar esta tecnología por sistemas errados, sin evaporación, que reduciría los consumos hídricos; si bien hoy en día se siguen utilizando modelos abiertos.
+ Minerales Críticos
La fabricación de chips avanzados y servidores requiere de explotaciones mineras intensivas de litio, cobre, cobalto, níquel y tierras raras que generan un alto impacto en suelo, biodiversidad, paisaje y agua con elevada incidencia en la acidificación de este recurso que inhabilita su uso.
+Residuos Electrónicos
La rápida obsolescencia de los sistemas tecnológicos con nuevas generaciones en permanente crecimiento proyecta la generación de millones de toneladas de basura electrónica, aparatos sin uso ni reutilización factible que es preciso gestionar en vertedero a pesar de los procesos de reciclaje que hubieran sido realizados.
Ø Colonización monetaria de la biosfera
La visión ecológica del dinero exige también un análisis geopolítico de cómo las jerarquías de las divisas incentivan la desigualdad entre el Norte y el Sur Globales, con dólar y euro en el vértice superior de ese colonialismo monetario que posee el privilegio de emitir moneda de “reserva especial”, que obliga a los países del Sur a emitir a acumular dólares y euros (con una moneda frágil al cambio) para lo cual deben exportar masivamente materias primas con bajo valor añadido y de alta degradación ambiental interna y todo ello con la presión de FMI y Banco Mundial de ajustar procesos de austeridad interna que garanticen la devolución de deudas externas, a veces con depreciación de monedas locales que abaratan mas aun los recursos naturales del país afectado acelerando procesos especulativos y por consiguiente los vacíos metabólicos del Sur, en beneficio de los patrones de consumo del Norte.
Por otra parte y ligado indirectamente a esta lógica geoextractivista, la crisis climática global ha ido consolidando falaces mercados capitalistas que proponen soluciones basadas en la financiarización de la naturaleza con monetización de servicios ecosistémicos en base a actuaciones supuestamente correctoras o compensatorias fundamentalmente en el Sur Global. Así los créditos de biodiversidad, bonos y derivados verdes, créditos de carbono, bonos “cat”, etc… métricas muy cuestionables estructuralmente desde una visión ecológica del dinero pues suponen monopolización especulativa sin reducción entrópica real. Reducir la complejidad de un bosque primario o un humedal a una tonelada de CO2 para cotizar en un mercado financiero abstrae la red incalculable de interacciones biológicas que no pueden ser monetizadas ni sustituidas. Por otra parte, la creación de activos financieros basados en servicios ecosistémicos atrae al capital financiero especulativo, desencadenando procesos donde comunidades locales y pueblos indígenas son desplazados para dar paso a proyectos de compensación de carbono operados por grandes corporaciones.
Existe otro aspecto añadido pues la sustitución de la infraestructura fósil por tecnologías renovables (vehículos eléctricos, paneles solares, turbinas eólicas) requiere una intensidad minera inédita (litio, cobalto, cobre, tierras raras). Si la transición se financia bajo las métricas de rendimiento del capital tradicional, la demanda de rendimiento financiero acelerará la devastación territorial en las zonas de extracción.
Ø Por una nueva arquitectura monetaria mas ecologica
Una transición ecológica del dinero no puede limitarse a “finanzas verdes” o a meros mercados del carbono o bonos de biodiversidad que replican dinámicas extractivas.
Es preciso para acercar el sistema financiero al ecológico rediseñarse un dinero biocompatible con los límites del Planeta.
Un enfoque basado en la ecología del dinero propone una metáfora orgánica y metabólica: el dinero no es un objeto neutro ni un simple medio de cambio, sino el sistema nervioso central y metabólico de la sociedad humana. Determina qué proyectos reciben energía (capital), qué comunidades se desarrollan, qué recursos se extraen y qué valores se incentivan. Si el dinero es portador de una “patología sistémica”, las decisiones colectivas orientadas por él inevitablemente degradarán el hábitat que las sostiene.
Así como en la naturaleza existe una homeostasis, un equilibrio dinámico en materiales y energía el sistema financiero debiera tender a ello, fomentando:
Flujos y no acumulación. En los ecosistemas la materia no se acumula indefinidamente, circula permanentemente. Así el dinero genera valor real cuando circula y nutre la economía local, social y regenerativa y no estancado en especulación extractiva.
Diversidad. La diversidad genética es básica en la evolución natural. Un ecosistema basado en una única especie es extremadamente frágil a perturbaciones externas. De la misma forma, un sistema económico que depende exclusivamente de escasas monedas dominantes es vulnerable. Se requiere un “policultivo” monetario (monedas locales, créditos mutuos, monedas de reciclaje,…) y financiero (finanzas éticas).
El crédito o la masa monetaria no pueden sobrepasar la capacidad de regeneración de los ecosistemas. Las transacciones financieras deben mantener los entornos donde se aplican regenerando los entornos naturales y sociales o mejorando los mismos.
Estas analogías ecosistémicas biométricas del sistema financiero deben considerar modificar los factores de diseño cambiando las reglas de juego que mueven los ciclos metabólicos:
Control público en la creación del dinero reconociendo éste como un bien común y un instrumento de planificación ecosocial.
Dinero entrópico. Tasas negativas de interés. El dinero no utilizado pierde (no gana) valor con el tiempo. Se degrada como algunos bienes naturales inmóviles.
Unidad de reserva respaldada por elementos ecológicos. Retomando el concepto de “Emergía” de HT Odum, crear una divisa de reserva respaldada por criterios de preservación de bienes naturales comunes globales. Una moneda que aumente de valor a medida que se conserven los sumideros de carbono y la biodiversidad y por tanto reorientada a la salud planetaria y humana.
Obviamente esto se inicia por:
Redefinir otro indicador global más allá del PIB.
Reconducir la fiscalidad hacia nuevos paradigmas de circularidad y regeneración.
Impulsar Banca Pública de fomento de la economía ecológica.
Ø Conclusiones
Los horizontes que aquí se manejan podrían interpretarse como utópicos. Sin duda. Pero una utopía de lo posible; una utopía del porvenir, de la esperanza, “que se esfuerza en nacer y no rutina que se obstina en seguir” (Víctor Hugo), llevando al sistema a situaciones de no retorno con el daño y desequilibrio (ambiental y de desigualdades) que esto conllevará. La situación actual de policrisis con soluciones rutinarias que se obstinan en las falsas soluciones exige demostrar que sí hay alternativas reales más allá de la escala de valores actuales.
Adoptar estos cambios en el sistema monetario (y financiero) pasan por asumir que el crecimiento perpetuo choca con la realidad del carácter finito de los recursos y que por tanto es necesario establecer otros paradigmas que desmitificando muchas de las imposiciones que el modelo actual conlleva, plantee una prosperidad y cohesión ecosocial donde las inversiones con regeneración de la naturaleza sean tan o más rentables que le economía extractiva.
El dinero es una de las tecnologías de coordinación social más potentes jamás inventadas por la humanidad. Sin embargo, al haber codificado en su diseño institucional el crecimiento ilimitado y la abstracción biofísica, se ha transformado en el principal vector de la crisis ecológica contemporánea.
Continuar intentando resolver el colapso ecológico sin transformar la naturaleza del dinero es una contradicción insuperable. La transición justa hacia un futuro sostenible requiere desmantelar la tiranía del interés compuesto, desfinanciar la extracción devastadora y construir una arquitectura de monedas biocompatibles. Solo cuando nuestras instituciones monetarias reconozcan las leyes infranqueables de la termodinámica y los límites ecológicos del hogar terrestre, el dinero dejará de ser una fuerza de destrucción biótica para convertirse en un instrumento al servicio de la vida y la equidad social.
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