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¿Hacia dónde nos conduce la austeridad?

Joaquín Estefanía

Periodista

Moderación

Bruno Estrada

Economista, adjunto al Secretario General de CCOO

Nuria Alonso

Profesora en la URJC y miembro de EconoNuestra

Conclusión del debate Julio 2016

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La defensa del Estado de Bienestar para hacer frente a la austeridad

PILAR ARAQUE CONDE

“La austeridad es una falacia”. Así comenzaba la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de EconoNuestra, Nuria Alonso, un debate organizado por Espacio Público, EconoNuestra y Economistas Frente a la Crisis para analizar y explicar las consecuencias de las políticas de recorte en Europa y sus alternativas.

En el coloquio moderado por el economista Iván Ayala han intervenido además Nacho Álvarez (secretario de Economía de Podemos), Manuel de la Rocha Vázquez (secretario de Economía del PSOE) y Bruno Estrada (miembro de Economistas Frente a la Crisis y adjunto al secretario general de CCOO).

Nuria Alonso se ha referido a la idea del despilfarro del capitalismo que explica la aplicación de esta política de recortes que ha asolado Europa. “La austeridad ha cuajado en la calle, por eso hemos votado lo que hemos votado”, ha añadido la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos.

Manuel de la Rocha Vázquez ha abogado por el concepto erróneo de austeridad que los neoliberales “utilizaron para atacar el Estado de Bienestar”. Además, el secretario de Economía del PSOE cree que los defensores de esta ideología han utilizado esta idea para avanzar en los recortes y subir los impuestos.

El secretario de Economía de Podemos ha hecho alusión al “robo” de este término por parte de los mandatarios europeos al movimiento ecologista, quienes planteaban una austeridad “sensata, con unos recortes necesarios para hacer frente al consumismo exacerbado”.

En cuanto a los efectos, Alonso sostiene que el problema de todo esto es que, con la excusa de vivir por encima de nuestras posibilidades, las autoridades europeas han aprovechado para recortar en los gastos sociales y, al mismo tiempo, ceder ese dinero al sector privado. “La prestación al servicio público ha quedado totalmente mermada”.

Bruno Estrada ha mencionado una cartografía de los recortes en la que se analiza la evolución del gasto público de las administraciones públicas entre 2009 y 2014. Este informe, elaborado por CCOO, estimó que se habían recortado 77.000 millones de euros. 
Asimismo, el miembro de Economistas Frente a la Crisis considera que “este ajuste salarial ha aumentado las desigualdades entre los españoles”.

Estrada cree además que la Unión Europea no tiene los recursos suficientes para paliar este problema económico, lo cual refleja la debilidad de las instituciones europeas. “Eran otras políticas las que se tenían que haber aplicado en Europa”, ha zanjado.

“Por supuesto que la austeridad ha sido un éxito. Sin duda, esta política de recortes ha sido utilizada para blindar el capital financiero controlado por un cierto sector de la derecha europea, especialmente de la alemana”, ha argumentado Nuria Alonso para explicar los errores que se han cometido a la hora que aplicar estas políticas.

El secretario de Economía del PSOE ha afirmado que hay que valorar el tamaño del sector público para garantizar el Estado de Bienestar. “Hay que luchar en Europa para que se respete la unión monetaria y fiscal, que inyecte dinero público y reduzca el déficit público de forma gradual”.

Brexit y austeridad

“Son muchos los gobiernos de la Unión Europea, entre ellos Cameron, que han utilizado estos ajustes para apretar las tuercas a la ciudadanía que tanto ha luchado conseguir los derechos otorgados por el Estado de Bienestar”, ha dicho Nacho Álvarez, quien además sostiene que Reino Unido podía haber evitado los recortes, ya que no pertenece a la Unión Monetaria. “Cameron ha hecho recortes porque ha querido”, ha aclarado.

Estrada ha hecho referencia a la práctica interesada de estas medidas por parte de los mandatarios europeos y, especialmente, de los líderes ingleses: “Cuando ocurrieron los atentados de París, de repente, Gran Bretaña se olvidó de estas austeridad para invertir en un armamento necesario que eliminara al Estado Islámico”.

Álvarez cree que hay que revertir los recortes para solucionar esta situación. “No hay que gastar sin más, sino revertir los recortes que han dejado profundas cicatrices en el Estado de Bienestar”.

El secretario de Economía del PSOE confía en la inversión europea de redes transeuropeas que defiendan el bienestar público y actúen contra el cambio climático. También, sostiene que los países con más margen, como Alemania, podrían hacer una inversión más proactiva para ayudar a los estados miembros. En cuanto a España, De la Rocha determina la defensa de las clases trabajadoras como un principio básico para acabar con estas políticas de ajuste.

Por último, la miembro de EconoNuestra, como reflejó en su aportación a través del debate online abierto en Espacio Público en torno a las consecuencias y soluciones de estas políticas de ajuste, ha manifestado la importancia del papel del sector público para terminar con la austeridad. “Hay que regular la actividad privada para revertir la situación porque esta iniciativa no es capaz de hacerlo. Sigo confiando en la defensa del Estado de Bienestar para hacer frente a esta crisis”, ha zanjado.

Ponencia inicial 11 de Mayo del 2016

Joaquín Estefanía

Periodista

De la austeridad progresista a la austeridad expansiva

En 2014, el profesor de la Universidad de Brown, Mark Blyth, editó un libro cuyo título llevaba incorporada su tesis: Austeridad. Historia de una idea peligrosa (editorial Crítica). Por él fue galardonado con el premio Hans Matthöfer a la mejor publicación económica del año en lengua alemana, que concedía la Fundación Ebert, muy cercana al Partido Socialdemócrata (SPD). Blith fue a Berlín a recoger el premio. Pero antes contó en un artículo lo que había pensado al enterarse de que se lo habían concedido: que a pesar de la impresión que se tenía en EEUU y en otras partes, en Alemania “había un movimiento que rehuía el planteamiento de que la austeridad es la única manera de resolver la crisis de la eurozona, al menos entre los socialdemócratas” y que lo más trágico de esta crisis era que “el centro-izquierda de toda Europa no sólo ha aceptado, sino que en muchos casos ha apoyado activamente unas políticas que no han hecho más que perjudicar a su supuesto núcleo de votantes.

El discurso con el que Blith recibió el premio se tituló, no menos expresivamente que el libro, Alegato contra la austeridad. Acabar con el paraíso del acreedor, en el que resaltaba la ironía de ser distinguido con un galardón “en un país que parece, al menos en el nivel de las élites, moralmente insensible al mensaje del libro que se premia hoy”. Lo terminó como lo había empezado, con un mensaje a los socialdemócratas: “… lo importante es que recuperen su voz, no sólo su memoria histórica. Su porcentaje de votos no cae porque hagan lo que está haciendo la CDU [la democracia cristina germana]. Cae porque si todo lo que hacen es eso, ¿por qué debería votarles alguien? Espero que la lectura de mi libro le recuerde al SPD una cosa: que la razón de su existencia es hacer algo más que simplemente permitir un paraíso para el acreedor en Europa”. Alguien había dicho que, en relación con las políticas de austeridad, los conservadores y los socialdemócratas europeos se han parecido a Twwedledum y Tweedledee, los gemelos de Alicia a través del espejo.

Sin embargo, no hace mucho tiempo la idea de la austeridad había sido una visión lúcidamente progresista. Hace tan sólo unas décadas la austeridad parecía uno de los instrumentos centrales para impugnar desde la raíz un modelo de crecimiento basado en el derroche y en el desaprovechamiento de los recursos naturales, una herramienta para sentar las bases de la sustitución del consumismo más exacerbado y para luchar contra el cambio climático, considerado poco a poco el problema más grave de la humanidad. ¿En qué momento esta idea fuerza de una austeridad progresista se transformó en algo tan diferente como ha sido la política económica dominante aplicada en Europa -especialmente en Europa del Sur- durante la Gran Recesión? ¿Qué tiene que ver la una con la otra?

Unos meses antes del estallido de la primera crisis del petróleo, en la década de los setenta del siglo pasado, el Club de Roma, una organización no gubernamental fundada en 1968, encargó al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) un informe que se tituló Los límites del crecimiento. En él se mantenía que si el incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantenían sin variación, la Tierra alcanzaría los límites absolutos de crecimiento todo lo más en un siglo. Se argumentaba que en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial [población y producto per cápita] no eran sostenibles, por lo que se exigían políticas de austeridad. Veinte años después, en 1992, se actualizó de aquel informe bajo el título de Más allá de los límites del crecimiento, y en 2004 se publicó una versión integral de los dos textos anteriores, titulada Los límites del crecimiento: 30 años después.

El testigo del Club de Roma a favor de una austeridad transformadora y redistributiva lo recogió en la izquierda el partido intelectualmente más imaginativo que ha existido en el pasado inmediato: el Partido Comunista italiano (PCI), liderado por ese personaje fascinante llamado Enrico Berlinguer. En un opúsculo titulado Austeridad (editorial Materiales), Berlinguer contestaba a cuestiones como por qué antes de la crisis del petróleo la izquierda no hablaba de la austeridad como posible estrategia superadora del capitalismo, y desde mitad de los años setenta sí; o por qué la política de austeridad transformadora era algo radicalmente distinto de una política de rentas y de una política de estabilización económica pese a que presentasen apariencias comunes. No dejaba de ser sintomático que Berlinguer desarrollara las ideas de su opúsculo sobre la austeridad en dos asambleas muy distintas: ante una convención de intelectuales y ante un grupo de obreros comunistas. Intelectuales y obreros eran las dos piezas básicas del proyecto del PCI, el único partido occidental a la izquierda de la socialdemocracia que estuvo a punto de gobernar (hasta que llegó Syriza, en Grecia)

Berlinguer, uno de los creadores de los conceptos de eurocomunismo y del compromiso histórico, explicaba que la austeridad, según los contenidos y las fuerzas que la encaucen, puede utilizarse como instrumento de depresión económica, de represión política y de perpetuación y agrandamiento de las injusticias sociales, o como ocasión para la implantación de un modelo de crecimiento económico y social nuevo, para un riguroso sometimiento del Estado, para una profunda transformación social, para la defensa y expansión de la democracia. Así, una política de austeridad transformadora no sería una política de nivelación a la baja hacia la pobreza o la indigencia, ni ha de proponerse como objetivos la mera supervivencia de un sistema que había entrado en crisis. Por el contrario, había de tener como finalidad la justicia, la eficacia y una moralidad nueva, conceptos u´tiles pero demasiado genéricos para la actualidad.

Esta es la interpretación del concepto de austeridad arrebatado a la izquierda. Concebida como lo hizo Berlinguer, aunque una política de austeridad implique (necesariamente, por su propia naturaleza) determinadas renuncias y sacrificios concretos, adquiría al tiempo un significado renovador y devenía en un acto de libertad para los sometidos a viejas subordinaciones y a intolerables marginaciones, creaba solidaridades y “al ir acaparando un consenso creciente, [se convertía] en un amplio movimiento democrático al servicio de una tarea de transformación social”.

Berlinguer planteaba hace casi 40 años (1977) un dilema muy actual: o nos abandonamos al curso actual de los acontecimientos dejándonos caer peldaño a peldaño por la escalera de la decadencia, de la barbarización de la vida y, más temprano que tarde, de una involución política, o por el contrario se afronta la versión redistributiva de la austeridad. Ello implicaría restricciones de ciertos bienes a los que nos hemos acostumbrado, renunciar a ciertas ventajas adquiridas aunque nunca en el terreno de la protección social. “Estamos convencidos de que no es absoluto cierto que la sustitución de determinadas costumbres actuales por otras más austeras y no derrochadoras, vayan a conducir a un empeoramiento de la calidad y de la humanidad de la vida. Una sociedad más austera puede ser una sociedad más justa, menos desigualdad, realmente libre, más democrática, más humana”. En definitiva, se adelantaba a nuestros tiempos con una versión de la austeridad muy distinta a la austeridad autoria de nuestros días.

La mejor definición técnica de austeridad la de Blyth en su libro: es una forma de deflación voluntaria por la cual la economía entra en un proceso de ajuste basado en la reducción de los salarios, el descenso de los precios y un menor gasto público, todo enfocado a una meta: la de lograr la recuperación de los índices de competitividad, algo cuya mejor y más pronta consecución exige (supuestamente) el recorte de los Presupuestos del Estado y la disminución de la deuda y el déficit. Adoptar este paquete de medidas generaría de modo teórico una mayor confianza empresarial, dado que el gobierno habría dejado tanto de copar el mercado inversor, al absorber todo el capital disponible mediante la emisión de la deuda, como de incrementar la deuda nacional, ya excesivamente grandes de por sí.

Frente a la visión de la austeridad progresista se ha expandido durante la Gran Recesión, sobre todo en la Unión Europea, otra modalidad de austeridad que en el lenguaje académico se ha denominado “austeridad expansiva”. Arranca de un trabajo de los profesores italianos de la Universidad de Harvard, Alberto Alesina y Silvia Ardagna (“Tales of Fiscal Adjustment”) publicado en 1998, que defiende lo siguiente: independientemente del nivel inicial que pudiera tener la deuda, todo ajuste fiscal que base sus objetivos en recortar el gasto y vaya acompañado de una moderación salarial y de un proceso de devaluación tendrá carácter expansivo. Resumiendo: los recortes de hoy provocarán el crecimiento de mañana. Los que se quedan por el camino son considerados algo así como los “daños colaterales” de la austeridad expansiva.

Este texto fue actualizado en 2009, en la coyuntura más baja de la Gran Recesión (“Large Changes in Fiscal Policy). Los autores toman nueve ejemplos de otras tantas contracciones expansivas, para concluir que los ajustes fiscales de éxito se fundamentan por entero en la introducción de un conjunto de recortes en el gasto, acompañados de una reducción tributaria. Ambos artículos conforman el corpus teórico inicial de esta tipología de austeridad, y han sido objeto de disecciones, añadidos, comprobaciones y refutaciones en el mundo académico y de los organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, ha sido la propia realidad (lo sucedido en los países de Europa del Sur) la que ha desacreditado y debilitado las tesis de Alesina y Ardagna, cooptadas durante todo este tiempo por Alemania y su glacis, así como por sus principales aliados, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Si se analizan las porciones de “austeridad expansiva” que se han administrado en Europa, no precisamente en dosis homeopáticas, se concluirá que ha habido menos crecimiento que antes, pero sobre todo que no se ha reducido la deuda pública, ni se ha protegido a las poblaciones en tiempos difíciles. Más pobres, más desiguales, más desempleados, más precarios, y menos protegidos: se ha manifestado un profundo y prolongado declive (con efectos estructurales), que continuará durante mucho tiempo, en sectores mayoritarios de la sociedad, más vulnerables cuanto más desfavorecidos han sido por la gestión de la crisis económica..

Un informe publicado en octubre de 2012 por los analistas de perspectivas de la economía mundial del FMI llegaba a la conclusión de que en la aplicación de esa austeridad expansiva se habían subestimado de modo generalizado los multiplicadores fiscales negativos de la eurozona, de modo que los efectos de tal política económica (las devaluaciones salariales, los recortes en el gasto público, el incremento del paro…) se ampliaron en todos los sectores de la economía, llegando en algunos casos a quedar sobrevalorados en un 150% de lo previsto.

El momento de gloria de Alesina y Ardagna llegó a su fin -por ahora- en el punto en el que el nada sospechoso FMI recordó que si se aplican a las economías reales y a la vida de las personas tales dosis de esta modalidad de austeridad será “una idea peligrosa” (*) Serían risibles, si la austeridad expansiva no hubiera tenido consecuencias tan dolorosas, las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García Margallo, de que “nos hemos pasado cuatro pueblos” aplicando esa política).. El profesor de la Universidad de Brown, como antes Steve Keen (**) La parte más asombrosa del extraordinario libro La economía desenmascarada (editorial Capitán Swing) del profesor australiano Steve Keen -premio Revere Award de la Real World Economics Review por haber sido el economista que con más contundencia advirtió de la crisis- quizá sea aquella en la que su autor describe la penetración de la ortodoxia neoclásica en la docencia -libros de texto, profesorado, cátedras,…-, servicios de estudio, programas de investigación, organismos multilaterales, etcétera. Cuando analiza la falta de autocrítica de las ideas expuestas, con resultados tan nocivos, Keen subraya: “Llegué a la conclusión de que la razón por la que manifestaban estas conductas tan poco intelectuales, tan ideológicas y en apariencia tan destructivas desde el punto de vista social, no tenía que ver con patologías personales superficiales sino que era de naturaleza más profunda. Lo que ocurría es que la forma en que habían sido formados les había inculcado las pautas de comportamiento de los fanáticos, más que de intelectuales desapasionados”. Pero este es otro debate. y otros, se duele de la ausencia de autocrítica y de la falta de responsabilidades ante errores tan graves como el de los multiplicadores fiscales sobrevalorados, que tantos sacrificios superfluos han generado: “No obstante, y a pesar de que el FMI haya perdido la fe en la austeridad, esto no significa que sus defensores no estén tratando de encontrar nuevos ejemplos de su (presunto) funcionamiento positivo. Hay demasiadas reputaciones en juego, y demasiado es también el capital político invertido, como para permitir que unos simples e inoportunos hechos vengan a interponerse en el camino de esta ideología”.

Este es parte del estado de la cuestión sobre la austeridad.

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